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TWITTER: ¿DE LA LIBERTAD AL LIBERTARISMO?

Pensar en las redes sociodigitales hasta hace poco, significaba imaginarnos en la revolución digitalista, en la que sujetos, procesos, estructuras y dinámicas habrían de tomar nuevas características en un mundo revolucionado por la tecnología proveniente de Internet. Esto es, un espíritu de optimismo tenía sus esperanzas puestas en la evolución de un paradigma sociotecnológico que cimentaría un mundo más justo.


Elon Musk, el excéntrico millonario sudafricano, poseedor de la fortuna más grande de la tierra y de la marca de automóviles Tesla, socializó hace unas cuantas semanas no sólo su deseo de adquirir la red sociodigital Twitter, sino de transformarla en un entorno más seguro y libre. La oferta no solamente significaba la posibilidad de que la red cambiara de dueño, sino que simbolizaba una clara crítica a todo “eso” en lo que se habían transformado las redes sociodigitales.


Y es que en verdad Twitter, en poco tiempo, logró significarse no nada más como un transitado entorno digital, sino como una suerte de plaza pública por la que políticos, periodistas, empresarios y figuras públicas generan agendas, posicionan temas de tendencia y hacen campañas empeñados en incidir en la opinión pública.


Así, Twitter, desde su creación, fue capaz de cimentar tres conceptos fundamentales que la posicionaron como una red altamente influyente: ser un espacio para la conversación, la creación de temas de tendencia y del concepto hashtag. A partir de ello, el mundo de la política, la comunicación social y la generación de campañas ya no volvió a ser el mismo debido a la importancia que cobraron tales herramientas tecnosociales.


Al mismo tiempo el concepto bot hace su irrupción en el mundo digital, reportando con ello, importantes ingresos monetarios para la red, en demérito de su imagen y de la información que se publicaba.


Acontecimientos como la pasada contienda electoral por la presidencia de la República en los Estados Unidos, evidenciaron de manera clara, la cara nefasta de las benditas redes sociodigitales en donde actores políticos como Donald Trump (quien no fue el único, pero si el caso más emblemático) usaban la plataforma para mentir, desinformar y desacreditar a sus adversarios, con el fin de manipular a la ciudadanía.


Casos como el recién descrito, hicieron que se empezara a cuestionar el tema de la libertad, en una red, que supuestamente había nacido para ser libre. Por ello no le falta razón a Musk, para poner en el centro de su crítica los temas de la libertad y de la seguridad cibernética.


No obstante, habría que tener cuidado con la manera en la que Musk estaría entendiendo el concepto de libertad. Acusado de ser libertarista (es decir que defiende la libertad de mercado y los derechos de la propiedad privada) el millonario ofreció que si se convierte en el dueño de Twitter, eliminaría el programa actual de monitoreo y censura de contenido, ante lo cual los políticos y empresarios conservadores norteamericanos se mostraron eufóricos, ya que, justamente tal grupo político, fue severamente castigado ante el uso indebido que hicieron de Twitter durante la contienda electoral antes señalada.


Así, para Musk, se requiere ser absolutista de la libertad de expresión. Libertad o libertarismo en donde parece ser partidario del todo se puede, apelando al buen juicio de las audiencias. Libertarismo en donde no hay mayores controles que los impuestos por las propias empresas y en donde las regulaciones suenan a censura impuesta e innecesaria, pues según Musk la autentificación estricta de los usuarios bastaría para tener espacios digitales más libres y más seguros.


¿Libertad? ¿para qué, hasta dónde? Después de la incitación (vía Twitter) a la toma del Capitolio por las huestes de Trump, todo parecía indicar que las redes sociodigitales empezaban a convertirse en espacios por donde el contrato social no circula. Libertad que se se estaría entendiendo como el derecho para utilizar la información (aunque sea falsa) a conveniencia.


Participación en red que termina convirtiéndose en moneda de cambio disfrazada de capital social, en donde ya nadie confía en nadie. Farsa poblada de ejércitos de bots que acaso son (junto a los grupos políticos más conservadores) los que más aplauden la llegada de Musk a Twitter.


Libertad en la que los usuarios de Twitter parecen relegados. Espacios digitales, que lejos de convertirse en recursos informativos dispuestos para orientar a la gente, no sólo reproducen, sino perfeccionan el modelo económico utilizado por los sistemas informativos tradicionales. Entorno en donde la revolución digitalista, al parecer, tendrá que esperar nuevas oportunidades para concretarse.

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