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SER HUMANO, NATURALEZA Y FELICIDAD

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Tierra: Por más distante

que sea el errante navegante,

Quien jamás te olvidaría

Caetano Veloso


Por José Luis Flores Torres


Para el teólogo brasileño Leonardo Boff, entender la trascendencia humana no es algo sencillo ya que, para aspirar a su comprensión no basta centrarse en el individuo, pensarlo así, apunta, es una abstracción que solo se entiende desde la lógica del consumo y del capitalismo. El ser humano, es en realidad, el conjunto de sus relaciones, las cuales apuntan en todas direcciones, consigo mismo, con su comunidad, con Dios y con la naturaleza.


Y es que la relación entre ser humano y naturaleza, parece estar mediada hoy en día por un imparable desarrollo tecnológico, del cual se desprendió un modelo de mundo en el que tal relación (ser humano-naturaleza) parecería ser en realidad una dicotomía. Relación vital y dependencia necesaria que se vuelve invisible en donde como, señala el expresidente uruguayo José Mujica, se nos olvida que venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es lo elemental.


Felicidad, deseo legítimo de los seres humanos, pero que, para ser real debe aspirar a ir, como señala Boff, más allá de la cultura del consumo y de la abundancia de medios. Trampa del sistema en el que según Deleuze y Félix Guatari, la verdadera relación que se genera en el capitalismo es la del consumo y la esquizofrenia. Loca carrera por el consumo, ansias por tener, acumular, consumir.


En esta madeja de relaciones humanas que señala Boff, la vinculación con la naturaleza parece no tener cabida en un modelo de desarrollo en el que el consumo y la acumulación de bienes parece ser el fin último y fundamental. El dominio de la naturaleza, el arte y la tecnología ha sido algo propio del homo sapiens. El uso de una piedra afilada, una vara o un simple tronco de árbol, significaron logros impresionantes para el hombre primitivo, tan significativos como el desarrollo de la actual tecnología digital.


En este modelo de mundo, todo apuntaba a que la supervivencia del ser humano como especie parecía estar no solamente asegurada, sino que siglos de evolución humana y tecnológica habían hecho la vida más cómoda. Comodidad y modelo de desarrollo, confort momentáneo que era en realidad calma chicha, que nunca fue percibida como factor que a la larga pudiera poner en peligro la calidad de vida de los habitantes de la tierra.


Así, el texto Laudato Si, de SS Francisco, pone el dedo en la llaga sobre la irresponsabilidad humana de intervenir sin medida en un mundo frágil, con una lógica y equilibrios propios. Un planeta otorgado por Dios a los hombres no solo como una morada sino como madre generosa (Tonantzin para los aztecas, Pachamama, para los quechuas) que lo contiene, lo provee y lo sitúa.


Así, en su diagnóstico sobre las condiciones actuales del planeta, el Sumo Pontífice, devela una realidad que nos permite comprender con una enorme claridad y de manera crítica la forma de vida contemporánea. Parecería que todo aquello a lo que el hombre de la modernidad le apostó (la razón, la tecnología y el desarrollo) empieza a mostrar su verdadero rostro.


No obstante, cabe señalar que los cambios en el mundo generados sobre todo a partir de la revolución industrial no solo han impactado en el medio ambiente. Como señala atinadamente Francisco, la casa común está dañada y este deterioro no puede dejar de impactar en el sistema humano completo. Hoy los ciudadanos del mundo parecen involucrados irremediablemente en una lógica de eficiencia, autoculpa (por no ser nunca lo suficientemente competentes) y egoísmo hedonista ligado a un mundo de consumo que no logra sacarlo plenamente del estado de hastío emocional en el que hasta el trabajo ha perdido su valor dignificador.


El ser humano, apunta Boff, no solo vive, convive, está junto con otros, enraizado en la tierra que le ofrece todo lo que necesita para vivir. El hombre, que suele ponerse en el centro del cosmos, y que le cuesta trabajo asumirse como parte de una realidad que lo sobrepasa. Por esto las preguntas de Mujica, resultan reveladoras: ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar? Más claro: ¿tiene el mundo hoy los elementos materiales como para hacer posible que siete mil u ocho mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos algún día, otro tipo de discusión?


Por ello la propuesta del Papa Francisco resulta relevante pues entiende que la ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan, pero también exige sentarse a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo.


Una nueva humanidad para una nueva tierra es la propuesta de Leonardo Boff, mundo alternativo, con otra forma de ser, en la tierra. Un mundo en el que el consumo deje su protagonismo y dé paso a una visión de la tierra y la vida como proyecto personal y colectivo. Darle la espalda a la tecnología hoy en día no es una opción, pero tampoco lo es pensar que los avances científicos por sí solos generarían un mundo mejor. El equilibrio entre lo racional y lo espiritual humano es posible. El desarrollo, como señala Mujica, no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor arriba de la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental.


Un nuevo optimismo responsable debe surgir de lo que proveen las nuevas tecnologías, un mundo mejor es viable siempre y cuando gire en torno a lo humano y a nuestra casa común, como una posibilidad, dispuesta a ser construida por la comunidad mundial en su conjunto.

 

José Luis Flores publica todos los martes en este medio.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y Doctorante en Investigación de la Comunicación por la Universidad Anáhuac México. Académico en la Facultad de Comunicación en la Universidad Anáhuac México.

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