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PRÁCTICAS COMUNICATIVAS ¿ESTAMOS ATADOS AL DESARROLLO?

¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de prácticas comunicativas? Bueno, pues básicamente nos referimos a las intenciones de los hablantes para modificar, de alguna forma, el contexto en el que se desarrolla.


Aunque con esta definición ya podríamos cerrar este artículo, profundicemos un poco más. El concepto de “práctica comunicativa” comenzó a gestarse a partir del nacimiento de la corriente de Comunicación para el Cambio Social (CPCS), que se concibió como un subproducto de la idea de modernización (entendido bajo las categorías del libre mercado), tanto así que las primeras discusiones teóricas se dieron gracias el auspicio de la Fundación Rockefeller en 1997 y creando así la versión moderna y mejorada de la Comunicación para el Desarrollo.


Los académicos convocados definieron a la CPCS “un proceso de diálogo y debate, basado en la tolerancia, el respeto, la equidad, la justicia social y la participación activa de todos; de la comunicación para el desarrollo, la CPCS ha heredado la preocupación por la cultura y por las tradiciones comunitarias, el respeto hacia el conocimiento local, el diálogo horizontal entre los expertos del desarrollo y los sujetos del desarrollo” (Pérez y Vega, 2010).


Esta necesidad de renovación surgió debido a que la Comunicación para el Desarrollo se había institucionalizado y encasillado en la mediatización, por lo que los flujos de información se volvieron verticales y masivos, sin posibilidad de dar respuesta a contexto crítico que se comenzaba a formarse. La CPCS daba entonces una nueva esperanza a las voces críticas y promovió el alejamiento de la comunicación mediatizada, la horizontalidad y evitó la tentación de promover planes de intervención desde la comunicación y permitir a las comunidades diseñar sus propias acciones para los cambios sociales que persiguen.


Bajo este contexto y con la mirada puesta en la interacción social mediante a comunicación humana, es que nació un interés por identificar las formas en la que ésta se desarrollaba, las llamadas prácticas comunicativas que Mónica Pérez y Jair Vega (2010) distingue en tres diferentes categorías:


1. Prácticas comunicativas legitimadoras: son aquellas que ven en la institucionalidad la única vía para construcción de propuestas de transformación. Esta una comunicación vertical en el que el grupo institucional genera los programas de acción que luego son transmitidos al resto de los integrantes del proceso con la intención de que cada uno lleve a cabo una acción en particular para el logro de los objetivos de cambio.

2. Prácticas comunicativas de resistencia: son los procesos de construcción de contradiscursos críticos a los dominantes que se difunden a través de las prácticas legitimadoras como los medios masivos de comunicación.

3. Prácticas comunicativas proyecto: son las que ofrecen alternativas con discursos y acciones donde la comunicación se concibe como propuesta de acción alternativa, generalmente en asociación con la cultura y la estética.


A éstas, Nancy Fraser (2008) adiciona las prácticas comunicativas de participación cultural que son aquellas que pretenden superar la denominada injusticiacultural-simbólica por la cual históricamente se han excluido discursos representativos de la diversidad y la multiculturalidad, entendidas como los valores, saberes y referentes simbólicos ancestrales, lo que Víctor Toledo (2008) llama la memoria biocultural.


Como podemos ver, cada una de las categorías en las que podemos situar una práctica comunicativa, lo que hacen es proponer un modelo particular de comunicación de acuerdo con los objetivos y formas de relación entre los participantes del proceso, que transitan desde la visión más vertical y controladora, hasta una visión transgresora y libre de generar discursos.


Si bien las prácticas comunicativas de resistencia o de participación cultural son modelos de clara oposición a la propuesta de desarrollo, sin embargo, siguen siendo modelos institucionales alineados a la visión de la comunicación para el desarrollo, algunos de ellos propuestos por las grandes potencias o instituciones internacionales como la propuesta de la Organización de las Naciones para direccionar la discusión al concepto de Desarrollo Humano establecido en el Plan de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), o la fundación Dag Hammarskjöld que se inclina por lo que llama el Otro Desarrollo.


Lo que podemos concluir es las emergentes propuestas de comunicación siguen basadas en la idea utilitarista de la comunicación como herramienta de control que sigue anclada a un modelo cultural, político y académico hegemónico, lo que les impide imaginar alternativas reales a un cambio de rumbo.


REFERENCIAS


Fraser, N. (2008) La justicia socialen la era de la política de identidad: redistribución, reconocimientoy participación. En: Revista de Trabajo, año 4, N° 6, Buenos Aires, Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales, Ministerio de Trabajo, empleo y seguridad social. Recuperada el 03 de mayo de 2022 de: http://www.trabajo.gob.ar/downloads/cegiot/08ago-dic_fraser.pdf.


García, C. (1998) Evolución histórica del pensamiento científico, Manizales, Ediciones Universidad de Manizales


Pérez, M. y Vega, J (2010). Identificación y caracterización de las prácticas comunicativas de los actores con intereses en el PNN Katíos. Proyecto de Investigación. Universidad de Antioquia, Universidad del Norte.


Toledo, V. y Barrera-Bassols, N. (2008) La memoria biocultural, la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Barcelona, Icaria Editorial y Junta de Andalucía.

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