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PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN EN MÉXICO

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Las evidentes consecuencias de la dependencia económica

se manifiestan en el nivel ideológico,

estableciendo los parámetros políticos del discurso intelectual.

James Petras.

Por Eduardo Carrasco


La ternura y la fuerza de la vida en plenitud son el centro del mensaje de la resurrección, que se conmemora con énfasis al cierre de la semana santa, más allá de las formas religiosas que subrayan la pasión y la muerte, con lo que parece descuido en la resurrección.


En el mundo posmoderno, o más aún hipermoderno, pareciera también que la poesía de la resurrección fuera desplazada por el pensamiento útil, como si la esperanza y bienestar pleno también fueran desplazados por el pragmatismo inmediatista del existencialismo hedonista.


Si bien resulta legítima la búsqueda del vivir mejor, tal parece que con frecuencia los dictados del mercado y del neoliberalismo ignoran que, aún en ese pragmatismo, el bienestar de la otredad es también impulsar el bienestar propio.


En México, tras dos años del triunfo de la izquierda electoral, las urnas evidencian su limitadísimo alcance en la transformación nacional; como señala Petras en el epígrafe, la dependencia económica del modelo en salida se evidencia en el discurso de la industria cultural y sus pregoneros que dominaron el espacio mediatizado y academicista de los último treinta años, discurso que se defiende como gato boca arriba.


La pasión de Jesús inicia con el reconocimiento anticipado de la traición, tal como sucede con un amplísimo número de víctimas del sistema, desde la delincuencia de cuello blanco, hasta la delincuencia autorizada que no podría explicar de otra manera el saldo de sangre que todavía fluye en nuestro país; muchísimos de los victimarios resultan ser abusadores de la confianza de las víctimas.


Por otro lado, la negligencia traidora de servidoras y servidores públicos que viven en la influencia casi genética de los usos y costumbres del quehacer político caduco, cual intocables y desdeñosos de la población marginada; desde los mandos medios y superiores, hasta la base del elefante reumático conformado por la burocracia.


La democracia electoral no basta, se evidencia la necesidad de una democracia ciudadana que dé seguimiento al cumplimiento de las responsabilidades de la burocracia, que en mejor español son personal del servicio público.


Vituperado, descalificado, rechazado por quienes otrora lo celebraban, Jesús es condenado a muerte ante la indolencia y la condena del pueblo, la confabulación entre el poder público y la jerarquía religiosa de la época conjugan para dar muerte a Jesús.


Cuántas veces algún sector de servidores públicos en todos los niveles han conspirado con otros grupos elitistas de la población, para imponer sus intereses ególatras, condenando a la muerte al sector más vulnerable e inocente de la población.


Vacunas paliativas en vez de tratamiento vs el cáncer, estafas presupuestales, desvío de recursos, justicia sesgada y tardía; la corrupción mata al dejar sin oportunidades a las personas beneficiarias de los llamados programas sociales, del presupuesto desviado de los servicios de salud, educación, alimentación y vivienda, entre muchos otros.


Efectos perniciosos que generan marginación, desplazamiento y migración forzada, que a su vez hace de las personas vulneradas, presa fácil de cualquier otro delito, cometido incluso por las autoridades, como todo lo indica en el caso de Esperanza, la mujer salvadoreña asesinada en Tulúm, México; el más reciente de cientos y quizá miles de casos.


Sin embargo y a pesar de la adversidad, el dogma fundacional de la cristiandad toda, es la resurrección de Jesús; el triunfo de la vida sobre la muerte; la progresiva construcción del reino de la paz con justicia y dignidad.


Acaso podamos ser partícipes de la construcción del bienestar propio y del ajeno más allá de las formas religiosas que subrayan la pasión y la muerte, pasando a formas de expresión comunitaria que subrayen el triunfo de la vida, sobre la muerte.

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.

Eduardo A. Carrasco Gómez, teólogo y comunicólogo, profesor invitado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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