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MICHOACÁN ENTRE LA IMPOLÍTICA Y EL NARCOTRÁFICO

A lo largo de la historia han aparecido monstruos que llevan a comunidades, a países y al mundo mismo al borde de la destrucción. Con el tiempo hemos aprendido que estos seres malignos no son más que hombres comunes y corrientes con un poco de poder o con mucha necesidad por conseguirlo.


¿Qué es el mal? ¿el pensamiento? ¿la palabra? ¿la obra? ¿la omisión? Para Roberto Esposito (2017) el mal no es eso que se opone al bien, sino aquello que lo imita “hablando en su nombre, con su lenguaje, con su voz” (pág. 224), por eso puede estar en cualquier lugar oculto detrás de cualquier persona.


En los falso salvadores, en los falsos liberadores, en los falsos demócratas que señalan al enemigo y nos prometen que acabarán con él. Nos seducen para luego desplegar cínicamente toda su maldad justificada en la defensa de la soberanía, de la libertad, de la democracia y, de ahí, que el espacio natural del mal sea la política. El mal que no sólo se normaliza como apuntaba Hannah Arendt (2019), sino que se vuelve institucional.


En algún municipio de Michoacán, México, uno de los estados más golpeados por la violencia, el narcotráfico acudió a las urnas para legitimar el triunfo de un candidato que ha prometido seguridad y empleo para todos, el mismo que usó dinero aún con rastros de sangre y cocaína para pagar una campaña millonaria que no reportó y que, una vez obtenido el triunfo, utilizará el aparato de gobierno para terminar de engranar una cadena de crimen y pobreza. Los pobladores verán como la violencia irrumpe y destroza sus vidas al amparo del gobierno de ese candidato por el que fueron a votar pagados o amenazados, mientras el Ejército, la Guardia Nacional, el gobierno estatal y el gobierno federal hacen caso omiso y dejan a esa población encargarse de sus muertos y de los que aún quedan vivos. -Así son las cosas – dirán. Eso es el mal.


Weber (2012), en su demonología política, aseguraba que “el mundo está gobernado por demonios y quien entra en la política, es decir, en el fragor del poder y la violencia como medios, pacta con fuerzas diabólicas; en cuanto a sus actos, no es cierto que sólo el bien pueda resultar del bien y sólo el mal del mal, sino que con frecuencia sucede lo contrario” (pág. 96).


¿Hay que salir entonces de la política para liberarnos del mal? ¿Habrá que ir a lo impolítico como dice Esposito? Pero para salir de la política hay que salir de la idolatría de la democracia-burocracia (Nietzsche:1986) que se ha convertido en el valor supremo de la política actual y ha desplazado a la comunidad. Hay que ir entonces de vuelta a la comunidad impolítica, es decir, a que la voluntad de la comunidad se impongo sobre la voluntad del poder.


En otro municipio de Michoacán, renuentes a resignarse a la normalización del mal y cansados de la violencia del crimen organizado y la omisión de las autoridades, la comunidad se organizó, se rebeló y logró sacar a los grupos delincuenciales, a los policías y a los políticos, todos coludidos. Los partidos políticos fueron prohibidos. Se instauró el autogobierno, el concejo del pueblo. -Las cosas pueden cambiar -dicen. Eso es la impolítica.


REFERENCIAS


Arendt, H. (2019). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (1.a ed.). México: Penguin Random House Grupo Editorial SA de CV.


BBC News Mundo. (2016, 17 octubre). Cherán, el pueblo de México que expulsó a delincuentes, políticos y policías. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37644226


Deutsche Welle (www.dw.com). (2021, 9 julio). México: «El crimen organizado es el gran elector». DW.COM. https://www.dw.com/es/m%C3%A9xico-el-crimen-organizado-es-el-gran-elector-de-esta-contienda/a-57513636


Esposito, R. (2017). Diez pensamientos acerca de la política (1.a ed.). México: Fondo de Cultura Económica.


Nietzsche, F. (2021). Humano, Demasiado Humano. EEUU: Independently published.


Weber, M., & Llorente, R. F. (2012). El político y el científico (1.a ed.). Madrid: Alianza. Universitario.

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