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LOS NUEVOS PROCESOS ELECTORALES: ENTRE LA TECNOPOLÍTICA Y EL POLITAINMENT

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Por: José Luis Flores Torres


Los procesos electorales por los que acaba de atravesar Estados Unidos en este 2020 se inscriben en un entorno de extrema polarización política, que pasa por una crisis económica y sanitaria global y los conflictos raciales que ha fortalecido movimientos como Black Lives Matter que han denunciado casos como el asesinato hace algunos meses del ciudadano afroestadounidense George Floyd, luego de ser arrestado de manera violenta por la policía de Mineápolis.


En la palestra Donald Trump y Joe Biden discursan, se acusan mutuamente, critican, ofrecen democracia y entregan demagogia, prometen libertades y en realidad anhelan tiranía. Sus propuestas apenas pueden distinguirse ante un mar de estímulos que buscan más la espectacularización de las campañas que fortalecer los procesos democráticos con las ventajas que proporcionan los recursos de comunicación que hoy en día tienen a su disposición.


Es decir, en un escenario ideal tendrían que fortalecerse conceptos como la tecnopolítica la cual hace referencia a la manera de conceptualizar la actividad política, a partir del uso de las nuevas herramientas de comunicación provenientes del entorno digital.


Y es que los cambios globales en materia tecnológica visiblemente están impactando la manera en la que tradicionalmente se hacía la política electoral generando nuevas formas de construcción, distribución y consumo de mensajes político electorales. En este escenario tal como lo señala Antoni Gutiérrez Rubí se abre paso la tecnopolítica como vía de empoderamiento de la nueva ciudadanía; como el instrumento más fértil para vivir la libertad, la autonomía, la privacidad y, también, la comunidad.


No obstante, se corre el riesgo que estas nuevas herramientas tecnológicas sean utilizadas no para generar multitudes inteligentes, participativas, capaces de opinar y actuar decididamente en favor del bien común. El riesgo concreto que se corre es que las herramientas de la tecnopolítica deriven en una suerte de espectacularización del discurso político que convierta las campañas electorales, como al parecer ha sucedido en este 2020 en la elección presidencial en los Estados Unidos, en una suerte de show sin sentido, a veces divertido y a veces melodramático, pero que busca generar impacto de maneras poco éticas, transformando los actos de campaña en un vulgar reality show dirigido a una audiencia acostumbrada a la cultura del entretenimiento baladí.


Se trata de la llamada politeinment o política del espectáculo que, según Salomé Berrocal se caracteriza por la hibridación de contenidos y su espectacularización, ambos aspectos pensados para aumentar la audiencia. Es decir, se trata de una forma de hacer política (que no es nueva ya que proviene por lo menos de los años 80 del siglo pasado) que actúa con los parámetros propuestos por las reglas del show business, en donde toda ganancia, se traduce no en la búsqueda del beneficio del conglomerado social, sino la mayoría de las veces de lo que se trata es de la obtención de poder político y/o económico.


Esto es, se trata de prácticas políticas poco democráticas ya que alejan la política de su entorno natural, es decir de la polis, la ciudad y sus ciudadanos. De igual manera tal forma de hacer campañas electorales reduce el concepto de democracia a un asunto de rating y de audiencias, en donde queda la impresión que quienes ganan las elecciones no son las personas más preparadas para gobernar el país, sino aquellos que lograron concitar la simpatía del respetable.


La consecución a toda costa del voto, la prolongación o acceso al poder político, el triunfo de la cultura del espectáculo, son un producto de la política mediática en la que los protagonistas no son los actores sociales o los actores políticos. De lo que se trata es de ganar una elección a toda costa, lo cual es asunto de demagogos. El demagogo, real protagonista de la politainment gana una elección manipulando los sentimientos de los electores hablándoles bonito y haciendo ofrecimientos irresponsables los cuales difícilmente podrá cumplir.


El demagogo, en suma, como lo señala Juan José López Burniol, practica la explotación sistemática de las pasiones, emociones y factores irracionales de la conducta humana, ocultando la realidad de los hechos.


Así politainment es el espectáculo de algo que se acerca a la política y que tiene como escenario tanto a los tradicionales medios de comunicación masiva como a las plataformas digitales y que en muchos sentidos anula las amplias posibilidades de utilizar estas tecnologías para generar nuevas formas de interacción y participación política ciudadana, colectiva, inteligente y empática con la búsqueda del bien común.


José Luis Flores publica todos los martes en este medio.


Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y Doctorante en Investigación de la Comunicación por la Universidad Anáhuac México. Académico en la Facultad de Comunicación en la Universidad Anáhuac México.


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