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LAS HERIDAS DEL PODER (EL CLIENTELISMO PARTE I)

El poder político está herido de muerte. El poder del pueblo también se encuentra agonizante. El Estado, inventado como la vacuna que protegería a los ciudadanos contra la peste de la ambición desmedida nos ha traído efectos secundarios. El más grave de todos es el padecimiento de una política clientelar que se ha institucionalizado como la forma de gobierno de facto en nuestro país.


Este fenómeno es una de las causas por la que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) perdió la mayoría de los puestos de elección popular en el la Ciudad de México en el 2018 y fue una de las mismas razones por la que en el 2021 el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) perdió la mitad de lo que había arrebatado tres años antes.


A pesar de ser uno de los peores males mundiales, del clientelismo se habla muy poco en la academia, aunque con honrosas excepciones, quizá porque semejante vulgaridad no vale la pena para que los científicos y académicos que algunos, además, también son clientes del gobierno, se preocupen por los estragos que causa el uso patrimonial de los recursos públicos.


El acercamiento a la definición conceptual del “clientelismo” se deja en manos de columnistas y comentaristas que hacen de él un lugar común que con frecuencia disculpa el análisis simplista que los sistemas de información hacen sobre esta práctica, o a su incapacidad de comprender uno de los pocos fenómenos que vinculan al poder político con otros sectores de la población, diluyendo su gravedad cayendo en lo que Javier Auyero (2002, pag. 36) llama “imágenes estereotipadas del clientelismo cautivo”.


Estos estereotipos a menudo muestran una relación patrón-cliente entre un poderoso gobernante y un ciudadano en extrema pobreza cuyas necesidades lo hacen ceder a esta cadena de favores económico-electorales entre los gobiernos y líderes populares. En este contexto, mantener al pueblo en condiciones de pobreza es el aceite que hace girar los engranes de esta cadena de corrupción.


La entrega de despensas, láminas, cubetas de pintura y hasta colchones a cambio del voto ya es un clásico en la cobertura de los procesos electorales, los reporteros bien pueden reciclar una nota del proceso anterior (quizá algunos así lo hagan) y cambiar la fecha y el puesto porque los nombres de los candidatos generalmente son los mismos (también todos unos clásicos de las jornadas electorales). Esta pobre visión periodística ha hecho que el clientelismo sea visto con desdén, pero su complejidad e impacto en la vida pública, política y económica de nuestro país debe ser abordada por los investigadores sociales.


Es verdad que el clientelismo barrial, por llamarlo de algún modo, vista de forma simple funciona así; un líder barrial (líder) vende a los candidatos (patrones) los padrones obtenidos por sus colaboradores cercanos (satélites) con los nombres de los vecinos que le han regalado una copia de su credencial para votar y le han asegurado que votarán por quien se le diga a cambio de un pago en efectivo o en especie (clientes).


Pero en esta estructura hay otras figuras que con frecuencia se escapan de los estudios sobre el clientelismo debido a que operan desde la institucionalidad electoral, en México los conocemos como representantes generales (RG) y representantes de casilla (RC), que oficialmente tienen la tarea de representar a un partido político en la casilla electoral para supervisar que no existan anomalías, sin embargo, con frecuencia son funcionarios públicos o gente muy cercana al candidato que debe pagar su permanencia en el próximo periodo de gobierno y cuyas verdaderas funciones son contrastar listas, operar el dinero de “financiamiento alterno” con los mediadores, ocultar y repartir los pagos y prebendas y, por supuesto, operar el carrusel electoral el día de la elección, es decir, asegurarse de que los mediadores cumplan con su parte del trato y que lleven a los acarreados (clientes que son llevados a votar).


Además de haberse convertido en la mayor simulación democrática y el sistema electoral por excelencia, la red clientelar tiene un profundo impacto en la polarización y conflicto barrial, en la que los líderes son capaces de llegar al uso de la violencia contra sus propios vecinos y parientes a cambio de recibir los mayores beneficios de aquellos que se encumbran en el poder, o bien, gozan de impunidad por los favores ofrecidos, por lo que esta práctica rompe de forma grave y profunda el tejido social barrial, implicaciones de las que hablaremos en una segunda entrega.


REFERENCIAS


Auyero, J. (2002, junio). Clientelismo político en Argentina: doble vida y negación colectiva. Perfiles latinoamericanos. Dialnet-ClientelismoPoliticoEnArgentina-2211519.pdf

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