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LA PROSPECTIVA Y EL CUARTO DE GUERRA

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Le garantizo a usted que si no me dice que estamos en guerra, si quiere atenuar aún todas las infamias, todas las atrocidades de este Anticristo (de buena fe, creo que lo es), no querré saber nada de usted.

León Tolstoi


Por Eduardo A. Carrasco


Tras haber certificado el triunfo de Joe Biden que asumirá la presidencia de EEUU el 20 de enero de 2021, el congreso norteamericano reconoció, durante un momento devocional de oración, que las palabras cuentan y que el respeto al prójimo es indispensable para caminar por el sendero de la paz; los congresistas resolvieron esta etapa, pero tal parece no cierra las heridas y mucho menos la confrontación.


Los EEUU, autodenominados paladines de la democracia (gobierno del pueblo), han establecido el toque de queda en Washington del 6 hasta el 20 de enero del año 2021, una medida que muchas personas consideran indispensable, a consecuencia de hechos calificados como insurgencia.


Ante la pandemia causada por la Covid-19 y ante los sucesos del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de EEUU, la respuesta en esta y diferentes latitudes ha sido la imposición del toque de queda.


La legitimidad de la violencia se justifica así misma ante la intransigencia de la otredad, especialmente cuando esa otredad desconoce los acuerdos previos de manera agresiva; notemos que en los hechos referidos en Washington desafortunadamente han fallecido cuatro personas.


Por su parte, Tolstoi presenta al inicio de Guerra y Paz, una importante inclinación hacia el conflicto armado como única solución a la discrepancia; mientras que el Bagavad-Gita, acaso el más antiguo texto de espiritualidad que la humanidad conozca, es el diálogo entre la divinidad y un soldado ante la guerra; Sun Tzu hace su aporte con su milenario libro El arte de la guerra y recordemos que la vida de Jesucristo se desarrolla mientras que el pueblo de Israel vive invadido por el imperio romano.


Si bien pareciera que la violencia es la salida, la sabiduría milenaria reconoce que la mejor batalla es la que no tiene lugar y no porque se rehuya, sino porque la solución tiene lugar en el diálogo, la política en su mejor expresión, el intercambio, la comunicación con el bienestar común en el horizonte.


Sin embargo, en las últimas décadas la lógica militar ha aportado la planificación estratégica a diferentes ámbitos del quehacer organizacional, con visiones, misiones, objetivos y metas que se establecen para la conquista del mundo. Hacer un mundo mejor desde la óptica de un producto o servicio, que asume a la propia organización como el eje indispensable de ese horizonte de sueño autodefinido.


En este sentido, cuando las visiones, misiones y objetivos de una organización se enfrentan con sus discrepantes, la colisión supera la sana competencia para dar lugar a la confrontación, haciendo de la aparente bondad una contradicción, que no reconoce que la mejor batalla es la que no tiene lugar, gracias a la adaptación, renovación o la resiliencia organizacional.


El reto está en cohabitar en tiempos y espacios donde las complejísimas formas de ser humano presentan una otredad de organizaciones con visiones, misiones y objetivos discrepantes, acaso el resultado sea de baja expectativa, sin embargo el proceso debe plantearse con espacios y oportunidades para el intercambio, donde la diferencia no se oculte ni se desconozca, sino que se aprecie como una oportunidad y una riqueza, con los límites necesarios, pero con la oportunidad de dialogar y con ello enriquecerse.


México se introduce a un proceso con más de 20 mil cargos de elección popular, sumando las llamadas elecciones federales intermedias, que son consideradas por múltiples analistas como la evaluación del gobierno en turno.


El proceso nacional exige desde ya altura de miras y prospectiva históricas e inéditas, que también exigen trascender los llamados cuartos de guerra, para discernir y planificar en cuartos de paz que asuman la adaptación, renovación o la resiliencia de las metas organizacionales, privilegiando la ética y la comunicación para el bienestar común.

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.


Eduardo A. Carrasco Gómez, teólogo y comunicólogo, profesor invitado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)

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