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LA PESTE DE LOS OPINÓLOGOS

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Por Iveth Serna


Aprender a identificar la nota o hacer la pregunta adecuada parecen ser los retos fundamentales de cualquier periodista medianamente serio, sin embargo, superarlo es relativamente sencillo con un poco de entrenamiento y compromiso. Pero si hacemos un análisis de la producción informativa actual, parece que lo más difícil es que el periodista mantenga en la mente que el rigor es el eje fundamental de su actividad profesional.


En el caso específico de los articulistas, considerados como “periodistas de élite”, es frecuente que crean que tener “voz propia” los exime de las exigencias del método que su labor requiere, pero un articulista sin rigor es apenas un opinólogo.


Se espera que el articulista tenga, además de competencias óptimas para la producción de textos, un conocimiento profundo de la metodología periodística, habilidad en el manejo de las técnicas y respeto por la audiencia, es decir, que tenga rigor.


Sin embargo, los sistemas de información pretenden hacer creer a la audiencia que popularidad es sinónimo de calidad periodística, no se valora que el articulista sea, en toda la extensión de la palabra, un profesional de la información, lo importante para los editores es el capital de audiencia según su número de fans, followers, oyentes o espectadores que se traduce en más likes, vistas y, por supuesto, publicidad; dinero fácil con opinión barata.


Barata en términos de calidad porque esta “voz propia” da lugar a la emisión de juicios ligeros, descontextualizados y tendenciosos, se les olvida que la “opinión” es una hipótesis que debe ser probada mediante la argumentación sólida y un análisis crítico del tema tratado.


Como género periodístico, el artículo de opinión también está sujeto a una metodología, por tanto, el articulista debe tener, sobre todo, un buen dominio de la escritura, no como un proceso técnico o creativo, sino, como dice Susan Sontag, como dispositivo de pensamiento crítico en el que el escritor se enfrenta con el mundo, lo interroga y lo delibera.


Hemos culpado de la proliferación de opiniones no argumentadas a la tiranía de la hipermodernidad que no nos permite darnos el lujo de tratar un texto con el respeto que se debe, con el suficiente tiempo para investigar ahí dónde los motores de búsqueda y los algoritmos no llegan, de leer, analizar, confrontar, calificar, organizar, estructurar y comprender la información.


No podemos negar lo que la carrera por la inmediatez ha perjudicado la labor periodística, sin embargo, el artículo, más que cualquier otro género, no puede ceder el cuidado del argumento, de la narrativa y de la estructura a la irresponsabilidad de la premura por emitir la “voz propia”.


Párrafo de resumen, de antecedentes, de posturas y de deliberaciones; el articulista necesita un excepcional manejo del método periodístico para resumir en quinientas palabras una visión de la realidad trabajada durante días sin faltar el respeto al lector, pero también, es indispensable una buena técnica narrativa para asegurar que el texto se salve si el editor decide sacrificar el último párrafo por cuestión de espacio.


Pero, sobre todo, se requiere fortaleza ética, compromiso con la profesión y exigencia personal para hacerse responsable de la “opinión” y de los efectos que producirá en una comunidad determinada.

 

veth Serna publica todos los sábados en este medio.


Periodista, maestranda en comunicación organizacional y diplomada en Marketing Digital.



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