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LA IZQUIERDA QUE NO NOS SIRVE MÁS

La izquierda que tenemos en Latinoamérica no nos sirve más. Acaso lo hace para asuntos ornamentales como organizar marchas, criticar las fallas de la oposición y luchar por puestos políticos, pero nada significativo, porque no han sabido responder a las necesidades de los grupos sociales a los que debieran representar porque, al igual que la derecha, se han apegado a las mismas ideas de progreso, desarrollo y fortalecimiento del Estado Nación.


La izquierda de hoy fue útil y necesaria en el ayer, cuando estaba cercana a los movimientos sociales, civiles, obreros y campesinos, pero hoy vive de la mano con empresarios, banqueros, organismos internacionales, “intelectuales” de todo tipo y políticos añejos que le han quitado la capacidad de hacer cambios estructurales.


¿Qué debemos entender por izquierda en un contexto ideológicamente diluido en el que las convicciones políticas se han convertido en un sticker para adornar el apple watch o para poner en la foto de perfil del twitter? Hubo una época en la que ser de izquierda estaba claro, en los años setenta lo eras si apoyabas a la revolución, pero a finales de los ochenta la caída del muro de Berlín liberó a esta corriente de los lastres del autoritarismo y opresión de la Revolución Rusa y del estigma que cayó sobre las corrientes de izquierda en esa época como el comunismo, el socialismo, el maoísmo, el anarquismo, el magonismo y zapatismo.


Pero el triunfo de los liberales duró poco, su gloria pasó tan rápido como se aprobaban las reformas estructurales neoliberales cuyos efectos contra los sectores populares generaron altos índices de pobreza, lo que hizo posible un resurgimiento de movimientos sociales territorializados que se apoderaron de las calles, rescatando valores como la solidaridad, la fuerza comunitaria y la apropiación del territorio.


Sin embargo, como dice Roberto Gargarella (2013, sp.), sigue siendo políticamente productivo y electoralmente atractivo presentarse en la vereda opuesta del proyecto neoliberal, invocando valores tradicionalmente asociados con la izquierda”, es por ello que definir a la izquierda desde posturas teórico-políticas es irrelevante, ya que se debe buscar una definición desde la naturaleza actual de los movimientos sociales, los aspectos que la impulsan y los valores que promueven.


Desde de instituciones como Comunicación para el Bienestar, quizá parezca infructuoso tratar de definir qué es la izquierda desde posturas teóricas porque es muy poco lo que podemos hacer para su uso correcto en el habla cotidiana, sobre todo la de aquellos que la han institucionalizado y mercantilizado, sin embargo, es nuestro deber darle rigor conceptual a su tratamiento de una forma que quede más clara en la cotidianidad de las calles y de los hogares.


¿Qué no es la izquierda?


1. No es un partido político.

2. No son “actores políticos que buscan, como un objetivo programático central, reducir las desigualdades económicas y sociales”, como afirman Levitsky y Roberts. (2011, p. 5).

3. No son políticos que buscan repartir la riqueza.

4. No son los que están a favor de alguna forma de acumulación excesiva de la propiedad privada.

5. No son los que ven en la acción estatal el único camino para lograr la justicia social.

6. No son los demócratas.

7. No son los que aspiran a la concentración de algún tipo de poder.

8. No son los que persiguen minorías para corporativizar su voto.

9. No son los que asumen comportamientos autoritarios.

10. No son estados con políticas intervencionistas o paternalistas.

11. No es creer en la continuidad del modelo político, económico y social.


¿Qué sí es la izquierda?


1. Desprenderse de la farsa de la democracia y buscar mejores modelos de convivencia comunitaria que no necesariamente atraviesen por el estado o el gobierno regulador para su funcionamiento.

2. Rechazar todo tipo de acumulación excesiva de riqueza, más aún si esta se genera con base en la explotación, maltrato y esclavitud.

3. Rechazar y eliminar políticas extractivas.

4. Es un estilo de vida regido por valores de comunidad y bien común.

5. Es buscar mecanismos de participación y reconocimiento de derechos políticos para todos los grupos integrantes de una comunidad, desde infantes hasta ancianos.

6. Es que los movimientos sociales tengan liderazgo colectivo y que no exista concentración de poder en líderes o grupos de élite.

7. Es saber que no se puede dar continuidad a los actuales modelos políticos, económicos y sociales y atreverse a hacer cambios estructurales.

8. Es anteponer el bienestar de las comunidades a los intereses de los mercados financieros.

9. Es el impulso de las libertades y oportunidades.

10. Es que cada comunidad se autorregule y construya soluciones con base en sus necesidades específicas de grupo, etnia o localidad.


A partir de lo anterior, aseguramos que no hay y no ha habido gobiernos de izquierda en Latinoamérica y que estamos lejos de tenerlos si seguimos apostando a las actuales plataformas políticas porque ninguno de ellos se ha atrevido, más allá del discurso, a desafiar, estructuralmente, una agenda establecida desde la derecha.


No existe disparate conceptual como la vieja o la nueva izquierda. La “izquierda cupular” o “partidista” es un significante vacío que sólo puede llenarse de significado en las calles, en los movimientos, en los fenómenos territorializados, en la dignificación de las comunidades indígenas, afrolatinas, mestizas pobres y periféricas urbanas sin el oportunismo de los traficantes de “izquierdas”.


REFERENCIAS


Bobbio, Norberto y Nicola Matteucci (1985), Diccionario de política, México, Siglo XXI.


Flores Magón, Ricardo (2005), Dreams of Freedom: A Ricardo Flores Magón Reader, Nueva York, AK Press.


Levitsky, Steven y Kenneth Roberts (eds.) (2011), The Resurgence of the Latin American Left, Baltimore, The Johns Hopkins University Press.


Gargarella, Roberto (2010), The Legal Foundations of Inequality, Cambridge, Cambridge University Press.

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