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LA HORA DE LA CIUDADANÍA


Pasado el proceso electoral de mitad de sexenio en México, valdría la pena reflexionar sobre el papel que jugaron las redes sociodigitales. Es claro que por antonomasia la actividad política, entendida como una forma más o menos pacífica para acceder al poder, y no solo como el espacio en donde se generan las cosas importantes para la polis, siempre ha constituido un binomio con las formas y los medios de comunicación existentes en cada época.

Por esto llama la atención el papel que ahora cumplieron los recursos digitales si se toma en cuenta que en la actualidad no solo estarían posibilitando nuevas formas de interacción sino también de participación ciudadana colectiva. No obstante, tal parece que tales recursos no están lo suficientemente aprovechados, puesto que tal entorno tecnológico, compite con prácticas democráticas autoritarias y que producen apatía, que en términos generales, genera ciudadanos que desconfían de la política.

Tale entorno fue aprovechado por conductores de espacios informativos, que, sobre todo desde la plataforma brindada por YouTube, difundían opiniones disfrazadas de noticias, en donde el análisis político solía construirse de manera sesgada dejando clara la preferencia política del opinador. Y fue ese justamente otro de los deméritos del papel que jugaron las redes sociodigitales en los citados procesos electorales. Es decir, nos referimos a la ausencia de un análisis periodístico serio, creíble y argumentado sobre lo que estaba pasando en las campañas políticas. Así, dejar de informar para calificar, aplaudir, demeritar o bien para socializar opiniones sesgadas hizo que pasáramos de la benditas redes sociales, a espacios propicios para la violencia simbólica que ridiculiza a unos y bendice a otros.

Y es que hoy en día, autores como Gutiérrez-Rubí (2015) y Sierra Caballero (2017) señalan que vivimos los tiempos de la política en red, a la cual llaman tecnopolítica, la cual hace referencia a la manera de conceptualizar la actividad política, a partir del uso de las nuevas herramientas de comunicación provenientes del entorno digital, en donde precisamente la tecnopolítica, según Gutiérrez Rubí (2015, p.99) se abre paso como vía de empoderamiento de la nueva ciudadanía; como el instrumento más fértil para vivir la libertad, la autonomía, la privacidad y, también, la comunidad.

Esto supone que, con las herramientas propias del entorno digital, es viable la construcción de un entorno propicio no solo para la discusión y la acción política, sino para generar un entorno propicio para que de la participación, el ciudadano pase a la acción organizada que logre empoderar al propio colectivo, y socialice posturas, opiniones, perspectivas críticas e incluso la generación de propuestas de solución a las problemáticas sociales, en donde el ciudadano digital, se convierta no solo en agente crítico de las acciones de los políticos, sino en ciudadano que asume su papel y se involucre profundamente en las cosas importantes de la ciudad.

Aquí resulta pertinente dejar claro que el uso de la tecnología digital no convierte por sí sola a la audiencia pasiva en partícipe crítica de lo que sucede en su entorno, ni le permite asegurar mejores niveles de acceso a la información o democracia, ya que para que esto suceda lo ideal es que se genere una suerte de ciudadanía digital informada, participativa, ética y responsable.

El conflicto entonces radica en difundir el mito de las benditas redes sociales, pero por otro lado, como sucedió en los pasados procesos electorales, apostar a que la tecnopolítica, tan solo consista en incorporar los usos y costumbres de la cultura política autoritaria al nuevo escenario informacional. En tal sentido previene Howard Rheigold que (2004, p.27) la cooperación es una palabra bonita, y en sus mejores manifestaciones es el origen de las mejores obras de las civilizaciones humanas, pero también puede resultar desagradable si quienes cooperan persiguen fines inmundos.

Así, pasados los violentos procesos electorales, constituye un deber ciudadano el pasar de electores a fiscalizadores de lo que hacen los políticos. Al término de la jornada electoral, el deber ciudadano no termina en el voto, en realidad la responsabilidad apenas comienza y las redes sociodigitales pueden convertirse en instrumentos para vigilar, criticar y generar propuestas que hagan que los políticos volteen la mirada y emprendan el verdadero diálogo con quienes los llevaron al poder.


REFERENCIAS

Gutiérrez-Rubí, Antoni. 2015. La transformación digital y móvil de la comunicación política. Barcelona. Fundación Telefónica.

Rheingold, Howard. 2004. Multitudes Inteligentes. La próxima revolución social (Smart Mobs). Barcelona. Editorial Gedisa.

Sierra Caballero, Francisco. 2017. Tecnopolítica en América Latina y el Caribe. Quito. Ed. CIESPAL.

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