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LA DIGNIDAD HUMANA Y EL CRITERIO DE NOTICIABILIDAD

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


El 09 de octubre de 2020 la noticia de la suspensión repentina de operaciones de la Bolsa de Valores se expandió como pólvora en todos los medios de comunicación y en menos de media hora ya era tema de tendencia en las redes sociodigitales, las especulaciones y la incertidumbre invadieron la esfera informativa en la que sólo se había publicado un renglón de información oficial.

Ese mismo día, en Tijuana se reportaba la desaparición de dos mujeres indígenas kumiai, tribu que se encuentra entre las de mayor riesgo de extinción en México y que mantiene una lucha por la defensa del agua de los pueblos originarios del municipio de Tecate, mientras que en Jalisco varias organizaciones civiles pedían al Comité de Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas su intervención para localizar a dos mujeres transgénero desaparecidas en Zapopan.

Los casos de desapariciones no inundaron los titulares ni se convirtieron en tendencia, es más, ni siquiera formaron parte de las agendas informativas de los grandes medios. Quizá la justificación a esto se podría encontrar en los criterios de noticiabilidad de la información.

Estos criterios son aquellos elementos que hacen que una información pueda convertirse en noticia, y aunque existen tantas categorías como teóricos del periodismo, hay elementos comunes, como la jerarquía de los personajes implicados, el grado de importancia y gravedad y la consecuencia.

De acuerdo con los editores, reporteros y “líderes de opinión”, la Bolsa de Valores es más importante que la vida humana y así se transmite. Sin embargo, los medios de comunicación también son víctimas de la decadencia de un sistema de valores en el que la economía, el dinero y los bienes, jerárquicamente son superiores que los intereses sociales, sobre todo los de las minorías, siempre y cuando sus movimientos no afecten a la Bolsa o al tipo de cambio, ahí el criterio periodístico cambia.

Para alcanzar la felicidad, los griegos identificaban tres esferas en las que el hombre debía poner especial cuidado, primero el bienestar de la mente y del alma, después el bienestar del cuerpo y al final, la procuración de bienes y riqueza.

Pero existe un submundo intelectual, político y económico que se empeña por vendernos una falsa idea de felicidad en la que los criterios griegos no solo han cambiado, sino que se han sintetizado a la búsqueda y acumulación de riqueza, no importa si para ello debemos deshacernos de las exigencias del alma y poner en riesgo el bienestar físico.

Este esquema de valores es retomado, difundido y soportado en los medios de comunicación que, intencionalmente o no, reproducen este sistema de valores a través del establecimiento de su agenda y de los criterios de noticiabilidad que aplican.

Bajo este panorama, un mundo obsesionado con el dinero, donde la Bolsa de Valores tiene más posibilidades de conseguir una nota de ocho que el exterminio silencioso de una tribu indígena, es un mundo evidentemente en decadencia y que se está quedando sin esperanza.

Los medios de comunicación y quienes participan en ellos, deben asumir su responsabilidad para dejar de reproducir un modelo social clasista, racista y segregacionista, y volcarse a la superioridad del principio de la dignidad humana, responsabilidad que debemos entender como el acto de asumir las consecuencias de lo que hacemos o dejamos de hacer y de lo que decimos o callamos, pero también como ofrecer respuestas reales a problemas verdaderos.

Es necesario que los teóricos del periodismo replanteen los criterios de noticiabilidad desde los marcos teóricos que antepongan la ética y la moral, pero también es necesario que el reportero de a pie reflexione sobre las consecuencias de su labor y, que, en colectivo, analicemos las motivaciones que están guiando nuestro actuar diario.

El periodista debe escribir, elegir cada una de sus palabras desde una idea constante de entrega al otro, porque si no entrega su trabajo para que sus palabras inunden la vida colectiva y en cierto modo la mejore, si solo es motivado por la avaricia o por cualquier otro interés ególatra, entonces ese periodista también contribuye a la corrupción.

Los pocos hablantes de kumiai que quedan en México llaman a su lengua tipai, que significa gente, un recordatorio de que somos nuestro lenguaje y por él se nos conoce, conocemos y nos comunicamos. Si la prensa refleja y reproduce la lengua de un pueblo y de su gente ¿Qué está diciendo nuestra prensa de nosotros?

 

Iveth Serna publica todos los sábados en este medio.


Periodista, maestranda en comunicación organizacional y diplomada en Marketing Digital.

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