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LA COLECTIVIDAD ES EL ÚNICO HUMANISMO

Actualizado: 28 sept 2020

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.

Por Iveth Serna


Buscar un punto de coincidencia que una a los últimos mandatarios mexicanos sería una tarea que a primera vista se antoja complicado, o un ejercicio peligroso que nos lleve a caer en a trampa de los lugares comunes que nos han puesto los medios de comunicación y aquellos que tienen acceso a ellos.

Pero hay algo en común que ha sido manifestado por todos ellos y que es interesante en cuanto se aleja al frío y mecanicista ejercicio administrativo; todos se han asumido como humanistas.

Quizá Felipe Calderón es el que más ha defendido esta postura en el contexto de la llamada guerra contra el narcotráfico y ahora lo hemos escuchado en repetidas ocasiones de Andrés Manuel López Obrador, siendo la última vez en su discurso con motivo del sexto aniversario de la desaparición de los 43 normalistas.

Si todos ellos simpatizan con el humanismo ¿Cómo podemos entender que tengas visiones de país tan distintas? La respuesta se encuentra quizá en el hecho de que al calor del discurso político el rigor conceptual es inexistente, culpa que podríamos distribuir entre los redactores de discurso, quienes los leen y quienes los mediatizan.

Pero en realidad es un problema de rigor conceptual. Este ejercicio equivocista que parece inofensivo, en realidad es altamente peligroso debido a que un modelo político no puede estar sujeto a la interpretación libre, mucho menos al interior de la misma administración, sin correr el riesgo de que no se comprenda y de que los esfuerzos y la operatividad se conviertan en ostracismo.

El problema del humanismo es de origen, hay que recordar que no nace como una corriente filosófica como el existencialismo o el materialismo, sino que aparece en la escena académica como un programa educativo para quienes se formaban en las ciencias antropocentristas y que ahora conocemos como humanidades, en cuyo origen abogaba por una correcta instrucción del individuo que le permitiera participar en la vida cívica mediante una escritura y habla elocuente.

Bajo este concepto, la primera característica del humanista es que debe rechazar la perversión del lenguaje, es riguroso del concepto y desprecia el uso vulgar del mismo porque solo esta precisión le dará libertad y lo hará responsable de sus actos.

Para Montaigne el humanismo también tiene que ver con la búsqueda de la verdad, el aseguraba que, aunque es deseable, la verdad no está al alcance de los hombres por su condición de estar fuera de toda contradicción, en tal caso, lo más cercano a la verdad a lo que podemos acceder es a la opinión, porque cualquier prueba es refutable.

El problema de la opinión es que casi siempre esta mediada e interpretada por los intereses de quien las emite, lo que, de acuerdo con Sartre, rompe de sí el principio del humanismo en tanto que para el humanista el hombre es un fin en sí mismo y no un medio.

En este sentido, toda manifestación de la clase política, empresarial, social o intelectual cuyo discurso apele al hombre para conseguir un fin distinto ya sea un puesto político, ganar una elección, conseguir un mejor contrato o trato especial, lejos está de ser humanista y es más bien utilitaria y liberal.

Siguiendo a Sartre, el verdadero humanista es aquel que en principio de cuentas asume la responsabilidad de formarse a sí mismo y es capaz de dar sentido a su vida mediante la experiencia, “el hombre es aquello que hace de con lo que hicieron de él”, sentencia.

El humanista abandona entonces el victimismo y la tentación de culpar a otros del curso de la historia, sino que se asume como responsable de sí mismo y de su existencia y es capaz reconoce en el otro un ser humano libre y responsable; un fin.

Bajo esta condición, la única manifestación coincidente con el humanismo son los actos que se efectúan pensando en la comunidad. No se pueden tomar malas decisiones si éstas están pensadas en la colectividad del género humano y no desde el individualismo egoísta.

Si somos conscientes y asumimos la responsabilidad de que nuestras acciones perjudican directa o indirectamente a toda la humanidad, en tanto que la comprometen a la elección de un determinado camino, por tanto, todos somos responsables del curso de la historia, lograremos la empatía necesaria que nos lleve a emitir opiniones más cercanas a la verdad. Seremos humanistas.

 

Iveth Serna publica todos los sábados en este medio.


Periodista, maestranda en comunicación organizacional y diplomada en Marketing Digital.

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