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INTERNET Y LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.

José Luis Flores Torres

Entender la lógica del mundo actual no resulta una tarea sencilla, sobre todo si tal realidad se encuentra ubicada en medio de un paradigma tecnológico industrializado que no acaba de desaparecer y en los albores de un entorno informacional que ha irrumpido abruptamente desde finales del siglo pasado y que desde entonces ha impactado en la manera de vivir de la gente.


Por ello, para entender lo que sucede hoy en día, resulta fundamental recordar lo que señala Norbert Elías respecto a que la estructura de las funciones psíquicas, los modos habituales de orientar el comportamiento (individual y social), están relacionados con la estructura de las funciones sociales y con el cambio en las relaciones interhumanas. Estás relaciones a las que el autor se refiere, ahora precisamente aparecen en el paradigma tecnosocial de la modernidad mediadas por la tecnología digital.


Es decir, si la sociedad capitalista emanada de las revoluciones industriales, hizo viable una comunicación a distancia cada vez más rápida y eficiente, Internet, a partir de su comercialización y popularización a finales del siglo XX, generó formas de relación interhumanas cada vez más apegadas a lo tecnológico y menos a lo propiamente humano.


Este modelo de sociedad aparentemente descentralizado y libre, contenido en las redes sociodigitales, constituye por sí solo una paradoja en donde un brillante mundo de posibilidades y conocimiento aparece frente a nosotros. No obstante, tal capital trae consigo ideas e intereses que la mayoría de las veces parecen estar apartadas del bien común.


Es claro que este nuevo entorno ecológico digital no surge necesariamente libre, sino emparentado con nuevos modelos laborales, económicos, de eficiencia, explotación y consumo. Aquí, los ciudadanos quedan reducidos a lo que les permite ser la tecnología en un entorno en donde el cogito ergo sum, propio del racionalismo cartesiano parece ser sustituido por el compro, luego existo.


Este modelo de ciudadano, producto del mundo digital, es por así decirlo, caprichoso, voluble, exigente, hedonista y al mismo tiempo autodestructivo. Pero su auto aniquilamiento no lo hace a la manera orweliana (devastado por aquello a lo que siempre temió) sino al estilo Huxley, enredado a voluntad y gustosamente adicto al consumo de su propio soma, disfrutando el momento de evasión sin reparar en las implicaciones de un aniquilamiento que en realidad nunca llega. Es la sociedad del rendimiento que describe Byung-Chul Han y que deviene paulatinamente en una sociedad del dopaje.


Este modelo de ciudadano contemporáneo, tiene al prefijo “hiper” en el centro de lo hiperconectado e hiperinformado pero al mismo tiempo es hiperactivo, hipertenso, cansado por los excesos de lo hiper y pobre en negatividad. Es la sociedad del rendimiento que describe Han como una colectividad cansada y agotada por los excesos. Es el mundo en donde se teme al dislike, el dedo que nunca condena en la red sociodigital, devenida en circo romano, en donde el ser se muestra transparente a expensas de cualquier tipo de valor o control social.


Es decir, si como señala Norbert Elías, “la sociedad, que con tanta frecuencia se opone mentalmente al individuo, está integrada totalmente por individuos y uno de esos individuos es uno mismo”, la construcción de una sólida ciudadanía digital parece ser la más importante de las apuestas en el mundo contemporáneo. Una misión cuasi habermasiana de reconstrucción del tejido social a partir del lenguaje.


Hace falta entonces la construcción de tal ciudadanía y ser conscientes de las implicaciones éticas que conllevan el uso de las nuevas tecnologías digitales. También se requiere usuarios capaces de distinguir lo esencial de lo accesorio, solidarios, capaces de observar y de mostrarse, pero a partir de la verdad. Una ciudadanía que recupere su esencia contemplativa, mesurada, crítica de la realidad y de sí misma, guiada por el sentido común y con un alto sentido de la ética.


Visto a distancia, el paradigma socio-tecnológico contemporáneo se corresponde con un modelo de sociedad como la actual, que aparece a la vez enferma y cansada, como lo señalan Bauman y Han, pero deslumbrada por los estímulos generados por la pantalla.


Los pendientes en torno a lo que significa vivir en esta época, por ello aún son vastos. La construcción de una ciudadanía digital (o sociedad civil digital) es un dilema inaplazable. La sustitución de comunidades virtuales solo dirigidas a la evasión y al divertimento, por comunidades de conocimiento se vuelve algo imperativo sobre todo si se les piensa como poseedoras de las capacidades suficientes para generar formas de comunicación encaminadas a consolidar la transformación social y el bienestar.

 

El maestro José Luis Flores publica todos los martes en este medio.


Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y Doctorante en Investigación de la Comunicación por la Universidad Anáhuac México. Académico en la Facultad de Comunicación en la Universidad Anáhuac México.

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