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HASTA ENCONTRARLES

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Por Eduardo A. Carrasco


Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, hijo único de Verónica, con 16 años de edad y a penas a unos cuantos días de su cumpleaños fue víctima de desaparición forzada en Ecatepec, Estado de México, a principios de septiembre de 2015; a pesar de que su madre pagó el rescate hasta la fecha no ha sido localizado.


La historia de Dieguito y Verónica ejemplifica las 82,323 personas desaparecidas en México, según datos oficiales actualizados a mediados de enero de 2021.


Una familia trabajadora que enfrenta este flagelo y que sin esperarlo se ve involucrada en las diligencias correspondientes que inician con la propia criminalización de las víctimas, acaso con el ánimo de desalentar la denuncia y que en el acompañamiento de otras familias que han pasado por este viacrucis resulta en la organización espontanea de lo que se conoce como colectivos.


Grupos de familiares en búsqueda que empíricamente se introducen en los vericuetos de la impartición de justicia, la medicina y la antropología forense, la psicología y el sendero de la espiritualidad como aliados de su recorrido en la búsqueda.


La pandemia es un factor que ha ralentizado la de por sí lenta búsqueda, localización y en su caso la identificación de cuerpos localizados en las cerca de dos mil fosas clandestinas enumeradas en el mismo informe.


Las familias, además de enfrentar la criminalización de parte de algunas autoridades ciudadanas, se enfrentan ante la estigmatización, la incomprensión y la indiferencia de la sociedad; incluyendo la descalificación de otros familiares que preferirían que cancelaran la búsqueda.


Además de los retos jurídicos y la incomprensión de la sociedad, caminan en su búsqueda disponiendo de todos los recursos con los que cuentan, tanto económicos, como materiales y humanos.


Vero ha dejado de trabajar en la comercialización de alimento para mascotas, debido a los frecuentes permisos que solicitaba para las diligencias de búsqueda, lo que le mereció la descalificación de compañeros y superiores, hasta que optó por renunciar; una historia laboral que se repite en diferentes casos de familiares en búsqueda.


En el caso de los emprendedores que enfrentan la desaparición de algún ser querido, ven decaer sus negocios por la falta de atención y el cierre frecuente de sus locales, también a causa de las diligencias de búsqueda.


Por otra parte, la salud física y anímica sufre estragos a consecuencia de los retos que las mismas diligencias exigen; según avanza el caso, también se requieren especialistas en diferentes áreas, para hacer múltiples peritajes o asesorías, lo que también significa disponer de más recursos.


En el caminar de la búsqueda, Vero y otras familias han encontrado en el sector de los solidarios un apoyo significativo, que respalda las causas en lo político, lo legal y lo pericial, y que desafortunadamente es insuficiente debido al tamaño del flagelo.


A pesar de los retos, la esperanza prevalece con base en un motor que sólo la maternidad, y en menos caso la paternidad, pueden comprender y expresar: ¿Por qué les buscamos? Porque les amamos.


Por otro lado, las familias en búsqueda contraargumentan la lógica pericial: mientras no haya evidencia fehaciente de la muerte, la esperanza sigue viva.


Si bien los familiares disponen de toda su capacidad en la búsqueda, la localización de una fosa clandestina tiene el impedimento legal de la exhumación, lo que corresponde a las autoridades; si no fuera así seguramente también harían esa etapa de la diligencia, lo mismo que la identificación pericial de los 40 mil cuerpos que están en los servicios forenses.


Este 20 de enero de 2021, un grupo de familiares, solidarios y autoridades realizan la búsqueda en campo, para descartar un punto geográfico en donde pudiera estar Diego.


Hay sentimientos encontrados, en caso de localizar sus restos, se confirmaría la pérdida de su vida, aunque se le podría dar una digna sepultura; por otro lado, de no encontrarse prevalecería la esperanza de vida, aunque la búsqueda no se habría cerrado, por eso la insistencia: Hasta encontrarles.

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.


Eduardo A. Carrasco Gómez, teólogo y comunicólogo, profesor invitado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)

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