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ENTRE TENSIONES Y MANÍAS

Escribir es un reto que va más allá de las reglas gramaticales (sin olvidar su importancia). Sin embargo, una de las claves para llegar a ser un buen escritor es justamente escribiendo. No hay fórmulas mágicas a pesar de que las guías, libros y talleres son de gran ayuda pero al final como dicen, la práctica hace al maestro.

En este ejercicio los autores no sólo plasman la realidad o la ficción, sino también desnudan su alma y sensibilidad. Al respecto, en el libro Así escribo, antología compilada por Delia Juárez, se presentan 53 escritores mexicanos entre ellos Enrique Serna y Rosa Beltrán quienes describen su experiencia.


Para Serna, los textos nunca salen bien a la primera, hay que escribirlos, leerlos, corregirlos, re leerlos y corregirlos una vez más. El autor de El vendedor de silencio señala que “la escritura es el arte de convertir la tensión nerviosa en estilo, pero esa tensión es tan difícil de soportar que muchas veces derrota la inteligencia”.

Rosa Beltrán catedrática y miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua se pregunta ¿por qué sufrimos tanto? a lo que responde que es para desahogar un poco aunque no está segura de que esa sea la razón principal. Beltrán reconoce que está llena de manías, y la manía es parte de su esencia. Para la autora de Radicales libres, la escritura no es algo que pueda definir porque como un virus mutante, cambia todo el tiempo.

La escritora se refiere a “el mundo de los demasiado limpios” de Thomas Mann y Borges por su “higienismo” impecable, intachable que son adjetivos que la crítica suele usar cuando los cita. Por lo contrario, los “rituales sucios” son para un escritor como Cioran que por cuatro días enteros pasa aislado de la humanidad, del sueño envuelto en un caos doméstico y otros, a los que define como “actos absurdos” como escribir sólo de pie o con lápices del dos afilados.


Entre estas miradas algo en común es el gusto, la pasión y el amor por las letras. Sea cual sea el ritual o la inspiración encontrar un estilo es quizá uno de los mayores retos que puede tardar años en desarrollarse. Redactar de manera clara y sencilla, no utilizar un lenguaje rebuscado, evitar redundancias, leer en voz alta el escrito, pedirle a alguien más que lea el texto, dejar el escrito por un tiempo y después regresar a el, plasmar el vocabulario adecuado y utilizar correctamente la puntuación, son sólo algunas recomendaciones.


Aunado a ello, escribir en un mundo digital tiene dos vertientes. La primera que favorezca a que alguien más conozca tu trabajo y se expanda a través de las redes sociodigitales y la segunda, que el efecto sea lo contrario. No obstante, este ejercicio es un proceso de aprendizaje constante y sobre todo de resistencia.


El punto, la coma, dos puntos, los signos de interrogación o admiración son básicos pero el proceso creativo y el estilo propio es más que eso, es como la tilde que le da el sentido o intencionalidad a lo que quiere decir el autor y la técnica ayuda a obtener un resultado determinado y efectivo en este arte.


Es así que entre el papel y la tinta, el ruido de las teclas de las tradicionales máquinas de escribir, las hojas hechas bola tiradas en el cesto de la basura o el delete en la computadora, escribir siempre será un reto y de ahí que se considere un arte pero sobre todo un proceso creativo.


Referencias


Juárez, D. (2021). Así escribo. México: Cal y Arena.

Serna, E. (2019). El vendedor de silencio. México: Alfaguara.

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