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EL SILENCIO EN LAS REDES SOCIODIGITALES

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Por José Luis Flores Torres


Para los jóvenes, de acuerdo a Zygmunt Bauman, el principal atractivo del mundo virtual proviene de la ausencia de las contradicciones y los malentendidos que caracterizan la vida offline. Mundo hiperconectado, a toda hora, desde cualquier lugar; en donde todo parece ocurrir a gran velocidad y en donde tales fenómenos nos generan la sensación de nunca estar solos, o en silencio.


El silencio, como insinúa Bauman, es contradictorio, ya que, si como lo señala Paul Watzlawick, es imposible no comunicar, el silencio, como todo comportamiento de una persona, tiene un valor de mensaje para los demás. Al mismo tiempo, siguiendo a Watzlawick, en su vertiente humana, la comunicación es tanto analógica (o verbal), como digital (o no verbal), es decir, el silencio, para funcionar como mensaje, debe acompañar su interpretación con el paralenguaje, que dota al silencio de una estructura semántica que nos permite ponerla en su justa dimensión.


Y todo esto suena aún más contradictorio, si lo contextualizamos en el seno de la sociedad red, como la define Manuel Castells, que es una forma de organización social contemporánea, en donde los individuos son nodos conectados a partir de redes de comunicación, potenciadas por la nanotecnología que contiene Internet. Tales conexiones son formas de comunicación e interacción, generadas por personas, que fluyen en todas direcciones.


No obstante, como se señalaba con antelación, en el mundo online, estar siempre acompañado y en medio de flujos comunicativos es tan solo mera impresión, o bien simulacro, como lo establece Jean Baudrillard. Y es aquí en donde las redes sociodigitales, se nos presentan como plataformas con posibilidades amplias para el intercambio reticular de mensajes en donde las personas cuentan versiones personalísimas de sus vivencias.


En tal sentido, debemos aclarar que el silencio puede ser entendido en términos generales como el acto de abstenerse de hablar o bien como la ausencia de ruido. No obstante, otra parte de la definición, proporcionada por la RAE, señala que el silencio también puede entenderse como falta u omisión de algo por escrito. Si trasladamos esta última definición a las redes sociodigitales, podemos entender que el silencio, es ausencia (voluntaria o involuntaria) u omisión de algo en los mensajes que se publican en las redes sociodigitales. A partir de tales concepciones, podemos entender el silencio en los entornos digitales, a partir de al menos dos situaciones.


El primer tipo de silencio que podemos señalar es el llamado silencio digital o tecnológico. Esta forma de desconexión es bastante recomendada (pero en extremo difícil de cumplir a cabalidad) por expertos en psicología, que enfatizan las bondades de abstenerse de hacer uso de los dispositivos electrónicos, sobre todo durante situaciones de convivencia o interacción familiar o en pareja. Es silencio, que se opone al apego construido, al uso irrestricto de los dispositivos tecnológicos, funciona como desintoxicación tecnológica que nos sitúa con plenitud de sentidos en la realidad offline.


La segunda forma de silencio en torno a las redes sociodigitales, se puede entender como simbólica, a partir de una dicotomía en donde coinciden ausencias (o silencios) y excesos, casi siempre premeditados, en lo que se publica en la red. Para entender tal forma de silencio, cabe recordar lo que señala Jacques Derrida respecto a que lo que llamamos realidad es una selección que deja fuera ciertos aspectos y elementos, su forma es discursiva y no sólo produce presencia de lo que incluye sino ausencias de lo que excluye. Esto es, la ausencia marca la naturaleza del texto del mismo modo que su presencia. A partir de esto, podemos distinguir a la ausencia como una de las múltiples formas que adquiere el silencio dentro de las narrativas digitales.


Así, la realidad que aparece publicada en las redes sociodigitales, es un entorno en donde algo falta, porque se decide excluir, censurar o bien exagerar determinados elementos, y al mismo tiempo otros se minimizan o incluso desaparecen. Es realidad metafórica e hiperbólica, cargada de presencias y ausencias. Es un texto que dice y guarda silencio al mismo tiempo. Es información censurada (o autocensurada), dicha a modo y a conveniencia de algo o alguien. Es imagen editada, filtrada, pero no solo para representar, sino para formar parte de estándares estéticos que hace necesario silenciar determinados elementos.


Para Regis Debray una imagen es un signo que presenta la particularidad de que puede y debe ser interpretada, pero no puede ser leída. De toda imagen se puede y se debe hablar; pero la imagen en sí mismo no puede. ¿Aprender a leer una foto no es, ante todo, aprender a respetar su mutismo? El lenguaje que habla, la imagen ventrílocua, es el de su contemplador.


La imagen entonces es muda, para Debray, pero es capaz de articular un lenguaje, que se convierte en un juego en el que alguien muestra y alguien contempla. Pero qué pasa, si tal signo es generado por seres con identidades desplazadas, personalidades borrosas, anónimas, que transitan del on al offline, no para mostrar lo que son, sino lo que les gustaría ser. Imágenes nítidas, perfectamente trazadas, pero cargadas de silencios, que omiten a placer. Omisiones reales y simbólicas que huelen a mentira intencionada, o bien, como diría Debay, el nacimiento de la imagen está unido desde el principio a la muerte.


Esto es, el silencio en las redes sociodigitales, es simbólico y real al mismo tiempo. Es silencio a modo, convenientemente seleccionado para generar imágenes pro, en donde queda reflejado el ideal de la estética hipermoderna atada a la pantalla global que como señala Gilles Lipovetsky, rompe el discurso narrativo continuado a favor de lo plural e híbrido, sin forma definida y con total heterogeneidad.


Así en los vínculos electrónicos, como señala Bauman, el acto de borrar, y reescribir o sobrescribir, actos inconcebibles en el caso de los negativos de celuloide y los papeles fotográficos son los recursos más importantes y socorridos, por lo tanto, son el único atributo indeleble de los vínculos de mediación electrónica. Relato propio de las redes sociodigitales, vinculado al palimpsesto, en donde se escribe y se silencia para después reescribir una realidad nítida pero que, al parecer, ya no aparece representada en los relatos publicados en las redes.

 

José Luis Flores publica todos los martes en este medio.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y Doctorante en Investigación de la Comunicación por la Universidad Anáhuac México. Académico en la Facultad de Comunicación en la Universidad Anáhuac México.

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