top of page

EL SHOWBUSINESS Y LOS DERECHOS DE LA AUDIENCIA

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Por Iveth Serna


Había una vez, en un país no muy lejano, de rancia monarquía y modales impecables, no a mucho vivía un joven príncipe que buscaba el amor verdadero, atravesó el Atlántico hasta el foro de Hollywood dónde su amada era explotada por el ogro más malvado del showbusiness, sin dudarlo, el caballero rescató a la indefensa damisela, se casó con ella y la convirtió en su princesa, pero, lo que nadie sabía es que sobre la joven pesaba una maldición que desembocaría en una facturación millonaria.


La entrevista que Meghan Markle y Enrique de Sussex dieron a la presentadora de televisión Oprah Winfrey, fue vista por 17 millones de espectadores en Estados Unidos y 11 millones en el Reino Unido; si consideramos que la emisión del Súper Bowl en el 2021 alcanzó la cifra récord de audiencia de 96 millones gracias a su transmisión multiplataforma en casi todos los países del mundo, podemos decir que el impacto mediático de la entrevista de los Sussex fue superior considerando que solo se emitió por un canal de televisión en EEUU y otro más en el Reino Unido.


¿Qué es lo que nos llama tanto la atención de estos contenidos? ¿Qué tiene la llamada “prensa rosa” o “prensa del corazón” que cautiva audiencias?


Negocio redondo disfrazado de periodismo. Información que se presenta como de interés público pero que no es más que un producto cuidadosamente creado por y para la industria del entretenimiento, un éxito de consumo con el que su manufacturera, Oprah Winfrey, facturó más de 7 millones de dólares, mientras que la cadena televisiva CBS, que cobró un promedio de 190 mil dólares por un espacio publicitario de 30 segundos durante la transmisión de la entrevista en EEUU, reportó ganancias de más de 20 millones de dólares; en Inglaterra, la ITV generó ganancias por casi 2 millones de dólares y, pese a que se dijo que los Sussex no cobraron por ella, los números de rating aumentará el valor de los acuerdos que mantienen con las plataformas Spotify y Netflix. Un “todos ganan” menos el espectador.


Desde la ética y el formato, los contenidos de la llamada “prensa rosa”, “prensa del corazón” o “gossip”, si nos ponemos anglosajones, no pueden catalogarse como información periodística, venderla como tal es publicidad engañosa que viola los derechos de las audiencias.


Frecuentes son los “programa de chismes” hablando de lo que pasa en los reality show, productos de la industria del entretenimiento anunciando a otros productos, vedetismo vendido como si fuera periodismo, pero con objetivos de mercadotecnia y ventas muy claros para el medio, pero no tanto para los consumidores.


Entre las tragedias que los mexicanos debemos sumar al año de 1994 se encuentran la primera edición de la revista TVNotitas (ahora TVNOTAS), en portada, “Juan del Diablo” se robaba los “corazones salvajes” de las aficionadas mexicanas. Periodismo como “información objetiva, oportuna, veraz, ¡y siempre irresistible!”, anunciaba el medio.


Dos años después el programa Ventaneando hace su primera transmisión por la cadena TV Azteca, formato que luego sería copiado por todas las televisoras nacionales y algunas internacionales.


Theodor Adorno y Max Horkheimer realizaron un análisis sobre los mecanismos culturas de la sociedad, en el que señalaron que, dentro del sistema capitalista, las desigualdades económicas se traducen en desigualdades comunicativas.


“En virtud de la ideología de la industria cultural, el conformismo sustituye a la autonomía y a la conciencia; jamás el orden que surge de esto es confrontado con lo que pretende ser, o con los intereses reales de los hombres”, señalaron.


Fórmulas, recetas infalibles para la generación de éxitos televisivos, musícales, artísticos y de cine; “diez pasos para construir al nuevo ídolo juvenil sin que se le suicide en el intento”, podría ser el slogan de la industria del K-Pop. Todo es lo mismo, pero con diferente empaque, en distinto idioma, en la presentación que pidieron en el focus group, una simulación de la diversidad que solo fortalece el imperio de la cultura de masas en el que todo es mercancía, incluso una “inocente entrevista”.

 

Iveth Serna publica todos los sábados en este medio.


Periodista, maestranda en comunicación organizacional y diplomada en Marketing Digital.

19 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page