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EL RETO METODOLÓGICO DEL PERIODISMO FEMINISTA INTERSECCIONAL

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.

Por Iveth Serna


En el marco de la conmemoración del Dia Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, valdría la pena complejizar el significado de serlo, las categorías desde las que nos definimos y las particularidades que nos atraviesan.


Es importante reconocer que los feminismos han visibilizado las vulnerabilidades y las violencias de las que podemos ser víctimas por nuestra condición de mujer y han llevado esta problematización a avances importantes como la aplicación de políticas transversales con perspectiva de género, el lenguaje inclusivo y el tratamiento mediático, aunque incipiente, de temas con visión feminista.


Sin embargo, hay un sector de teóricas y activistas que señalan que, si bien como grupo social nuestra condición de mujer nos hace compartir algunas características, también es cierto que cada mujer está atravesada por una serie de particularidades que la colocan en una posición determinad desde la cual debe desarrollarse en el mundo.


Para que un cambio social sea posible debe partir de la conciencia de sí mismo. La conciencia de clase es un concepto marxista que se refiere a que los individuos pertenecientes a una clase social se asuman como tales y reconozcan las relaciones de poder antagónicas. Bajo esta lógica, para que el feminismo avance, es necesario que cada mujer sea consciente de su condición de género, pero también de las múltiples identidades que la conforman.


Esta nueva visión es lo que se conoce como la tercera ola del feminismo y está inspirada en la teoría de la interseccionalidad de género propuesta por Kimberle Crenshaw, que plantea que la identidad de una mujer va más allá del género y rompe con la idea de la identidad dominante pues señala que cada persona está determinada por múltiples identidades que influyen sobre las vulnerabilidades y los privilegios, mismos que van construyendo ejes de desigualdad que se reflejan en su vida cotidiana.


Desde esta metodología la mujer se analiza desde una perspectiva de género, pero también de raza, de clase social, de fertilidad, de alfabetización, de idioma, de situación migratoria, de edad, de religión, del entorno familiar, entre otras muchas categorías que complejizan su condición particular.


En lo que respecta al ejercicio mediático, particularmente al ejercicio periodístico, algunas voces proponen utilizar la metodología de la interseccionalidad para romper el cerco impuesto por la visión del hombre masculino, blanco, potentado, alfabetizado y empresario dueño de los medios de comunicación y que implanta, desde esa posición, las categorías físicas, morales, sexuales, sociales, económicas y políticas desde las cuáles debe definirse a la mujer.


Este desafío metodológico significa dar un giro epistémico que, desde la imagen, la voz, y la palabra, rompa la mirada dominante en el quehacer periodístico tradicional y nos dirija a un periodismo colaborativo donde la colectividad sea un recurso para deconstruir los modelos de opresión y de privilegio y nos permitan la deconstrucción las narrativas actuales.


Actualmente existen algunos medios independientes que están realizando un trabajo de construcción de marcos metodológicos para el ejercicio del periodismo interseccional que nos permita pensar la acción comunicativa desde el diálogo y no desde la dominación que suponen los paradigmas de género.


Estas metodologías proponen pasar de una labor informativa a una acción narrativa, y más aún, micronarrativa en tanto que cada persona es un relato con sus propias particularidades y experiencias, esta metodología le exige al periodista acercarse a cada historia con una visión multidisciplinaria que implica mayor rigor en la obtención, contraste e interpretación de informaciones.


Pero quizá es la rigurosidad del leguaje el mayor reto de la metodología periodística de la interseccionalidad, pues el reportero debe deconstruir su marco lingüístico y gramatical para evitar situaciones de discriminación, racismo, sexismo, clasismo, etc., que de tan normalizadas en el lenguaje cotidiano se vuelven comunes y difíciles de localizar.


El segundo gran reto es que esta propuesta regresa al periodista a su espacio natural, la calle. El reportero debe recorrer los territorios para dialogar la historia y contrastarla con los datos duros. La pluralidad de las voces se vuelve tan importante como la pluralidad de enfoques temáticos para generar narrativas respetuosas.


El ejercicio periodístico se vuelve comunitario, colaborativo y popular, y los medios sociodigitales juegan un papel fundamental en tanto que se convierten en la alternativa para hacer frente a los modelos de dominación implantados desde los grandes monopolios mediáticos.


Pero estos medios solo pueden ser funcionales si se utilizan para que sea el sujeto quien cuenta su propia historia desde su particularidad, el reportero debe evitar caer en la tentación de convertirse en el protagonista o en el mediador para convertirse en un co-creador, un colaborador que debe cumplir su responsabilidad con la difusión participativa de estos microrrelatos y regresar la historia al diálogo.

 

Iveth Serna publica todos los sábados en este medio.


Periodista, maestranda en comunicación organizacional y diplomada en Marketing Digital.

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