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EL FIN DE LA EDUCACIÓN

Cuando uno tiene su propio ¿por qué?

de la vida se aviene a casi todo

Friedrich Nietzsche


El Fin de la Educación (1996) es un libro escrito a finales de la década de los setenta por el sociólogo estadounidense Neil Postman, heredero teórico del filósofo canadiense Marshall McLuhan. El texto, a pesar de los años, parece vigente pues en su planteamiento central coloca la pregunta sobre si ¿es posible seguir pensando en la educación escolar tal como la conocemos? El tema parece relevante, debido a que estamos situados en medio de un limbo en donde la mayoría de las personas parecen no tener claro si la pandemia por Covid 19, ha llegado a su fin o bien es viable dar vuelta a la página y reanudar labores presenciales en los centros educativos.


Fin de la educación en donde Postman emprende un juego de palabras en el que se plantea si acaso, dados todos los cambios tecnológicos que ya se avizoraban en aquella década, la educación escolarizada seguía siendo necesaria y por otra parte se refiere a la vigencia de los fines o finalidades que pudiera seguir teniendo la educación a finales del siglo pasado.


Y es que es un hecho que el panorama escolar, tuvo que prescindir de lo presencial durante la emergencia sanitaria y puso en manos de la tecnología mucha de la responsabilidad inherente en el proceso de enseñanza aprendizaje. Así, ante tal crisis, la preocupación en torno a las clases, se situaba en el cómo, dando por hecho que todo mundo tenía claro el por qué y el para qué de la educación (independientemente si se generaba a distancia o bien de manera presencial).


Proceso educativo on line que adelantó algunas tendencias que ya se venían perfilando en el panorama escolar contemporáneo como las clases a distancia y el edutainment, en donde tal parece que, como lo señala Ikram Antaki (2000, p. 184), “los maestros se han transformado en asistentes sociales, en policías y en madres a los que se les pide preparar a los niños para un oficio”.


Sesiones escolares que se han estado generando en medio de un capitalismo salvaje en el que todo se convierte en mercancía (incluso la educación) y que forma perspectivas incorrectas de la realidad (como confundir información con conocimiento) y en donde la aceleración social, parece no empatar con el rigor que significa la construcción de una perspectiva crítica de la realidad.


Sistema de consumo en donde no sólo es importante lo que se adquiere, sino su disfrute inmediato y su desperdicio. Prestigio centrado no nada más en lo que se adquiere, sino en lo que se deshecha. Información que se tiene a la mano en la red, inmediata y accesible a todo mundo, pero que no alcanza a ser digerida, generando sin embargo la impresión de que conocer el mundo, es equiparable a comprenderlo.


Por ello, de acuerdo a Bauman (2011, p.107) “la idea de que la educación puede ser un “producto” concebido para ser adecuado y perdurar eternamente, resulta desagradable y, con toda probabilidad no habla a favor de la educación institucionalizada en los centros escolares”

Edutainment, que en realidad pocos alumnos y profesores han comprendido a cabalidad, pero que ha forjado la impresión de que en el proceso de enseñanza, aquello que no es entretenido, no vale la pena emprenderlo. Cultura que de acuerdo a Postman (1996), ha sido secuestrada por la tecnología ya que la seducción tecnológica se ha impuesto a la innovación social, a la creatividad cultural.


Acaso, como lo señala Agamben (2008), “el hombre contemporáneo es aquel que percibe la oscuridad de su tiempo como algo que le concierne y no deja de interpelarlo, algo que, más que toda luz, se dirige directamente a él. Contemporáneo es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo”. Época de excesos de información, pantallas brillantes propias de una sociedad consumista contemporánea. Luz cálida y agradable que deslumbra pero también cega, alejando la mirada de los problemas del mundo real.


Entonces se hace necesario pensar, no en el fin de la educación avizorando su muerte, sino centrando sus propósitos en la constitución de un modelo educativo que vaya en contrasentido a la dinámica del consumo y que apueste por convertir las escuelas en espacios de resistencia, en donde prevalezca la posibilidad de poner los conocimientos al alcance de todos, en libertad, con reflexión, vinculándose con la realidad, y que vaya más allá de la cálida e imperceptible educación para el conformismo social.


REFERENCIAS

Agamben, G. 2008. ¿Qué es lo Contemporáneo? Consultado en el sitio: https://19bienal.fundacionpaiz.org.gt/wp-content/uploads/2014/02/agamben-que-es-lo-contemporaneo.pdf el 15 de mayo de 2022.

Antaki, I. 2000. El Manual del Ciudadano Contemporáneo. Editorial Ariel.

Bauman, Z. 2011. 44 Cartas desde el Mundo Líquido. Paidós.

Nietzsche, F. 2004. El crepúsculo de los ídolos. Ed. Alianza. Madrid.

Postman, N. 1996. The end of education redefining the value of school. New York Vintage.

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