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EL CENSO EN MÉXICO Y LA VIVENCIA DE LA FE

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas a quien no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes.

Isaías


En términos generales, se espera que toda persona que asume alguna convicción religiosa lleve una forma de vida más o menos ética y con el mismo alcance de respeto a la otredad, sin embargo, parece que en México esto está muy lejos de la vida pública, toda vez que los indicadores de corrupción e inseguridad así lo reflejan.


En este sentido, recuperamos algunos de los primeros resultados del censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicados a finales de enero de 2021, donde a pesar de los cambios de adscripción, también dejan ver que hay una abrumadora mayoría de personas con alguna u otra convicción de religiosa.


Incluyendo a quienes se asumen como creyentes sin religión, el 91.9% de la población mexicana cree de alguna manera en alguna divinidad, mientras que las personas que se definen como ateas suman el 8.1%.


Si bien ha aumentado el número de personas que se autodefinen como ateas, esto no significa que vivan de manera ajena a la ética y a la construcción del bienestar común.


En un desglose somero, la suma de personas cristianas en sus diferentes comprensiones, suman 89%; prácticamente nueve de cada diez personas tienen alguna forma de cristianismo como referente vida.


Si bien los datos del INEGI presentan números, no indican la calidad de la adscripción a las bases religiosas que se asumen; por lo que vale la pena recordar que cuando le preguntan al Cristo cuál es el mandamiento más importante, él mismo responde que es amar a Dios con todas las capacidades y amar al prójimo como a sí mismo.


Si la adscripción religiosa mayoritaria de la población mexicana se asume como cristiana en diferentes expresiones y que nueve de cada diez personas creen en alguna forma de divinidad, se esperaría que este país viviera con un mayor apego en el respeto a la otredad; desafortunadamente la realidad se impone y todo parece indicar que esto no es así.


Tal parece que la adscripción religiosa fuera a penas un accesorio social que incluso podría llegar a ser incómodo y pesado para quienes lo asumen al menos en el discurso.


La mayo parte de la cristiandad se prepara en estos días para la conocida Semana Santa, un periodo en el que se conmemora la pasión, la muerte y la resurrección del Cristo; se verán procesiones y devociones públicas con las condiciones que la pandemia permita.


Algunas horas, algunos días del año, algunos momentos fugaces que no ahondan en la comunicación de la propuesta crística para la vida cotidiana, lo que deriva en un anticristianismo, en una contradicción de lo que se dice creer, al menos estadísticamente.


México: tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos, dijo en su momento Porfirio Díaz; mientras que el presidente López Obrador lo resignifica sosteniendo que México está cerca de Dios y no tan cerca de Estados Unidos.


Censalmente López Obrador tiene la razón, aunque la terca realidad evidencia que no bastan los números para que una comunidad viva de acuerdo a lo que declara en un censo.


Hay un gran reto pedagógico y cultural, que resumimos en un reto de comunicación de parte de las jerarquías religiosas, para que la población a la que sirven lleve una vida con mayor observancia de los postulados religiosos que se asumen.


En la llamada comunicación organizacional hay grandes ejemplos para que todo el equipo de colaboradores de tal o cual organización se asuman como parte fundamental de la misma comunidad, logrando que literalmente se pongan la camiseta del equipo del que forman parte.


Una vida consecuente con las pautas religiosas que se asumen, implica no sólo momentos devocionales privados o más o menos públicos, sino que la vida toda tenga como referente la misma convicción, especialmente ante los retos personales y ante la comunidad; lo que evidencia la necesidad de mejora en los procesos de comunicación religiosa.

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.


Eduardo A. Carrasco Gómez, teólogo y comunicólogo, profesor invitado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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