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DEL 68 AL FIN DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS

Tlatelolco es matanza, pero también resistencia, como señaló Monsiváis en el prólogo de “México, una democracia utópica” (Zermeño. 2003). Aquel fue el primer movimiento organizado cuya lucha se centraba en los ideales de la modernidad y no en la lucha de clases. El objetivo; la democracia-liberal.


¿Qué ha pasado desde entonces con los movimientos sociales latinoamericanos? Sergio Zermeño (2003), a partir de su investigación sobre 1968, nos dice que un movimiento social tiene cuatro características particulares: un principio de identidad, una comunidad de intereses y objetivos, la identificación de un adversario preciso y la relación entre el discurso y la acción de movimiento


Pero, para la época de Tlatelolco el neoliberalismo aún no irrumpía en escena, la lucha por las libertades democráticas y la modernización que se gestó desde las clases medias parecía rendir frutos y, en efecto, se lograron cosas importantes como la apertura de la participación de la sociedad civil en los procesos político-gubernamentales. Sin embargo, en la década de los ochenta el camino de los movimientos sociales cambió de manera intempestiva, no sólo en México, sino en toda Latinoamérica.


Las clases medias y las izquierdas fueron convencidas de las bondades del liberalismo económico y dirigieron la lucha hacía la clase hegemónica que se mantiene en el poder, mientras que el libre mercado ha modificado la estructura de las bases ahora formadas por sectores desmercantilizados, obreros y campesinos con reclamos a la modernidad y progreso por el que se luchó en los sesenta y setenta.


Desde la concepción de la teoría latinoamericana, para comprender el papel de los movimientos sociales a partir de esta nueva concepción del mundo, éstos deben ser analizados desde el interior para entender su concepción del conflicto y las formas de determinar su organización y acción, de este modo, todo movimiento social es una muestra de interpretación de la realidad.


Sin embargo, la evolución de los movimientos sociales es rápida y, para Raúl Zibechi (2016), en Latinoamérica estamos experimentando un cambio de ciclo, producto del agotamiento de los gobiernos progresistas, es decir, aquellos orientados al desarrollo de un Estado de Bienestar, que ya no representan cambios positivos para las comunidades, lo que ha provocado una renovación de las manifestaciones populares.


Para Zibechi (2016), el momento de inflexión fueron las protestas de junio de 2013 en Brasil en contra del aumento del precio del transporte público, derribando el mito de las políticas focalizadas para el combate a la pobreza que, si bien mejoran momentáneamente las necesidades más urgentes de la población más marginada, no combaten la desigualdad.


Para el uruguayo, las políticas sociales de transferencia implementadas por los gobiernos progresistas han traído la despolitización de las bases populares y, paradójicamente, esto mismo ha marcado el fin de la época de los gobiernos progresistas, lo que no significa que dejen de gobernar, sino que han agotado su modelo discursivo, político y de administración del poder y bienes públicos.


Hemos llegado a un punto en el que es urgente un cambio en el modelo político-consumista actual y el único camino es mediante el conflicto interno, no sólo con las posturas conservadoras, sino con las mismas izquierdas y, sobre todo, con la base social; de lo contrario, la caída del progresismo es el único destino posible si continúan sus alianzas con representantes de la gran fuerza empresarial, por más aliados y amigos que se digan éstos últimos.


Por otro lado, hay un constante y permanente ataque a los movimientos sociales desde los medios de comunicación, desde los instrumentos gubernamentales e, incluso, desde los espacios académicos, además de que los sectores sociales dificultan su lucha al pedir al Estado, por más progresista que se diga, algo que el modelo neoliberal no les puede dar como la disminución de la pobreza, por ejemplo. Lo anterior se debe sumar a la tendencia de las luchas sociales de dejar de situarse en el terreno popular y subirse al campo político a costa de desmantelar el movimiento.


Sin embargo, no debemos olvidar que es en los momentos de crisis cuando históricamente los movimientos sociales han robustecido su base y que nos estamos acercando a los caos de la guerra, la crisis climática, el aumento mundial de la pobreza, estados represivos, economías explotadoras… etc.


Hoy, el gobierno “democrático” de Estados Unidos y el gobierno “progresista” de Rusia despiertan al mundo al borde una guerra de posibles trágicas consecuencias, no por la búsqueda del bienestar social, sino por la defensa de los intereses económicos de los grandes capitales sobre los que se sostienen todos los gobiernos del mundo. Qué mejor ejemplo de la decadencia y qué mejor oportunidad para fortalecer el movimiento social.


REFERENCIAS


Talavera, D. R. L. G. (s. f.). Las teorías de los movimientos sociales y el enfoque multidimensional. scielo. Recuperado 22 de enero de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-16162011000100007


Zermeño, S. (2003). México: Una democracia utópica. El movimiento estudiantil del 68. SIGLO XXI Editores.


Democracia en América Latina. Una mirada desde los movimientos sociales. (2015, 7 abril). YouTube. Recuperado 22 de febrero de 2022, de https://www.youtube.com/watch?v=AuBgmqICd9I



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