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DE POLÍTICA Y COSAS MEJORES

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


La importancia del poder social en crear disonancia cognitiva

entre los intelectuales en retirada queda manifiesta

en su incapacidad para teorizar las principales transformaciones de la estructura.

James Petras.


Partiendo del entendimiento de la política como el arte de vivir en sociedad, podemos notar que inevitablemente todos hacemos política, incluso quienes se autodefinen como apolíticos, acaso serán apartidistas, pero no es posible ser apolítico.

Recientemente en México, las declaraciones de algún escritor de temas de historia, apeló a la inquisición, expresando que él mismo quemaría en la hoguera a las personas partidarias del gobierno federal, adjetivándolas como adversarias de México, como si ser mexicano significara que sus propios criterios fueran los únicos que certifiquen la mexicanidad; para su infortunio esta declaración política le revirtió su sentencia en la inquisición de las redes sociodigitales.

En el sector de los trabajadores de la industria cultural y que fueran beneficiarios de privilegios del régimen en salida, reclaman democracia, cuando participaron directa o indirectamente en diversos fraudes electorales, además de pretender desconocer la expresión electoral que dio la amplia mayoría en el congreso y en la presidencia de la república al partido en el gobierno federal.

Por otra parte, Desmond Tutu (7 de octubre de 1931), Obispo Anglicano emérito de Sudáfrica y quien recibiera el Nobel de la Paz en 1984 –cuando el galardón todavía tenía legitimidad— fue reconocido recientemente por Francisco de Roma como uno de sus referentes en la reciente carta publicada: Hermanos Todos, Fratelli Tutti.

A Tutu le correspondió presidir la comisión de la verdad y la reconciliación en la Sudáfrica post-apartheid, el sistema de segregación racial impuesto por los blancos sobre los negros, con una huella que treinta años después no ha sido deconstruida.

Desmond Tutu, inspirado por los valores cristianos de base, así como los valores Ubuntu de las culturas originarias de África, avanzó en su tarea teniendo como base la dignidad de la persona, incluyendo tanto a las víctimas como a los victimarios.

Ofreciendo amnistía a los perpetradores de la violencia, Tutu consiguió reconstruir el pasado mediato de Sudáfrica, con la única condicionante de la declaración absoluta de la Verdad, además se imponían sanciones restaurativas, más que punitivas, donde los familiares de las víctimas directas eran coadyuvantes; en caso de mentir durante el juicio el solicitante perdía el beneficio de la amnistía.

Tutu relata el proceso que encabezó por la verdad y la reconciliación de Sudáfrica en su libro Sin Perdón no hay futuro (2012), con una narrativa que da lecciones de perdón sin impunidad y de justicia sin venganza; una narrativa de real politik.

Entre otros aspectos, Tutu menciona que su preparación incluyó el estudio de referentes internacionales, especialmente la impartición de justicia para el caso del holocausto, destacando que a diferencia de la segunda guerra mundial, en Sudáfrica no se podía expulsar a los perpetradores de la violencia, toda vez que no eran extranjeros, sino sudafricanos: vecinos, colaboradores e incluso familiares de las víctimas.

En el caso de México, tras un sistema con décadas de privilegiados y perjudicados, la transformación implica resistencias naturales, aunque la mayoría de éstas han perdido el argumento y apelan al anterior estado de las cosas, sencillamente porque así ha sido.

Asumen que la democracia es que sus palabras sigan teniendo el peso que perdieron democráticamente; que el sistema político, jurídico, económico y de gobierno siga dando beneficios a su sector, cuando la abrumadora mayoría sigue respaldando e incluso exigiendo la transformación.

Se dan por agraviados cuando se les señala como privilegiados del régimen decadente y apelan a sus propios y antiguos referentes de análisis, desarrollo e institucionalidad, cuando México está en transformación.

Los espacios de la industria cultural del pensamiento, el arte, el conocimiento académico, los medios tradicionales de comunicación y el resto del sistema en salida, apelan a la “democracia sin adjetivos” desde la antidemocracia, con la pretensión de imponer sus homologadas y diluidas voces ante la mayoría electoral que les ha dado su justo peso y valor: una persona, una voz, un voto.

Todo parece indicar que tanto para los vencidos como para los vencedores, estamos ante la oportunidad de ejercer el arte de convivir en la complejísima y plural sociedad, el arte de la política; dialogar para proyectar y planificar un mejor México, más justo, más libre y más equitativo; diálogo con base en la verdad y la ética, para poner las bases de la eventual reconciliación nacional, desde la comunicación eficiente para el arte de vivir en sociedad.

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.


Eduardo Carrasco Gómez es teólogo y comunicólogo, profesor invitado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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