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DE LAS CAMPAÑAS POLÍTICAS A LAS CAMPAÑAS CIUDADANAS

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


“Las campañas logran que los líderes sean electos, pero, finalmente, también nos dicen quiénes somos como pueblo, dónde hemos estado y hacia dónde vamos”.

Bruce Gronbeck

Por Iveth Serna


Siguiendo el epígrafe que abre este texto, de acuerdo con los líderes y gobernante que tenemos hoy día ¿qué tipo de pueblo somos? Para la mayoría de los ciudadanos, salir a votar, por lo menos en las elecciones presidenciales, es percibido como el momento culminante de la participación política a la que pueden aspirar.


Sin embargo, para que un ciudadano pueda llegar al momento de introducir su voto en la urna, antes tuvo que haber pasado por un ejercicio de comunicación conocido como campañas electorales.


La mayoría de los que intervienen en una campaña; ciudadanos, partidos políticos, candidatos y los capitales, la conciben como un ejercicio de movilización de estructura y acuerdos políticos, y muy pocos son capaces de percibirla como un ejercicio comunicativo, como dice García Beaudoux, sin comunicación no existe campaña política.


Pero ¿para qué sirven las campañas políticas? Nos podemos aproximar a la respuesta de esta pregunta de acuerdo con la usabilidad que cada uno de los dos grandes grupos políticos involucrados en ella le da; por un lado el sistema partidista y por el otro, los ciudadanos.


Si nos situamos del lado de los partidos políticos, de acuerdo con Gronbeck la función más obvia sería que sirven para persuadir a los electores para elija a un determinado candidato por encima de otros.


Una segunda función es que es “una batalla de prueba” para los candidatos y para la viabilidad de sus candidaturas, es decir, se pone a prueba las capacidades comunicativas y operativas de quien busca obtener un cargo de elección popular. Factores como el liderazgo, la empatía y capacidad de coordinación, de planeación y ejecución, se van midiendo a lo largo de la campaña y llega a su evaluación final el día de la elección.


Una tercera función, quizá la más explotada por el sistema político actual, es llevar implementar un sistema de rituales que resultan necesarios para legitimar y asegurar la continuidad del sistema político-democrático-electoral actual y, al mismo tiempo, garantizar con ello la conservación del poder. De acuerdo con Norris, incentivar la aparente participación de los ciudadanos en el espacio público y hacerlos sentir coparticipes de la elección de gobernantes y percibir que se tiene un gobierno legítimo y representativo. La campaña, entonces, actúa como un mecanismo de poder y evita la movilización de las llamadas multitudes inteligentes (Ver DE LA COMUNICACIÓN POLÍTICA A LAS MULTITUDES INTELIGENTES https://spoti.fi/3sJe8iw).


Del lado de los ciudadanos, las campañas políticas también tienen algunas funciones, la principal de ella es la informativa. El votante debería poder acceder a información de útil y de calidad que lo oriente a tomar una decisión bien informada, analizada y responsable sobre el candidato al cual prefiere darle su voto.


Se espera que el ciudadano pueda comparar propuestas y elegir aquella que tome en cuenta los temas importantes para la comunidad en la que habita, sin embargo, el efecto cognitivo se ve mermado ante la excesiva mediatización de las campañas y la falta de una estrategia política y de comunicación en la que el eje sea el ciudadano y no los intereses del candidato o de su grupo político.


El exceso de piezas comunicativas como spots de radio, televisión y plataformas sociodigitales, espectaculares, periofoneos y un mar de volantes y artículos promocionales parecen con mensajes superficiales y llenos de lugares comunes afectan la vida democrática; treinta segundos de baile en TikTok y una avalancha de fotografías en Facebook que no nos dicen nada, pero que, a la vez, nos dicen todo ¿qué tipo de pueblo somos?


Cuando hablamos de campañas ciudadanas, no nos referimos a que el candidato no esté afiliado a ningún partido político, sino que la batuta sea tomada por los ciudadanos que constituyen el grupo político más grande y de mayor peso en un proceso electoral.


Los ciudadanos también debemos hacer campañas y llevar al espacio público la agenda que importa para la construcción del bienestar en nuestra comunidad, exigir que los candidatos se comprometan con ella y propongan soluciones concretas, reales y puntuales, pasar del ¿qué? al ¿cómo? De la promesa a la exigencia de resultados que además sean comprobables y medibles por los ciudadanos.


Hemos dicho que la comunicación política debe regresar a manos de los ciudadanos, ahora proponemos que las campañas electorales también lo hagan.


 


Iveth Serna publica todos los sábados en este medio.

Periodista, maestranda en comunicación organizacional y diplomada en Marketing Digital.



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