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DE LA INFORMACIÓN A LA COMUNICACIÓN PARA EL BIENESTAR

Decir que la comunicación es un término complejo, parece un lugar común. Eufemismo que enmascara la imposibilidad por colocar la comunicación en su justa dimensión. Limitación que trae como consecuencia una incapacidad para entender plenamente los problemas relacionados con este fenómeno. Hay por lo menos tres entornos desde donde entender la comunicación: la academia, la industria y el gobierno y la realidad social


La academia, en primera instancia proporciona espacios para la reflexión, momentos en los que se podrían generar nuevas conceptualizaciones y maneras de problematizar la realidad y el fenómeno comunicativo. No obstante en este entorno el peligro es que todo se quede en el nivel de la discusión pues para trascender las aulas tendría que existir el deseo por abandonar la comodidad del gabinete y acercar la reflexión a los espacios públicos donde se estarían generando. Y a los investigadores, se les presenta la valiosa oportunidad para investigar, pero en serio, pues la realidad gira más allá de los indicadores propuestos por Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).


Desde la industrial y el gobierno, la comunicación suele entenderse a partir de lo que no es. Comunicación que no comunica, informa y se transforma en producto que vende porque convence, seduce, entretiene y a veces engaña. El acto comunicativo (que es en realidad informativo) reducido a la generación y consumo de contenidos con una intención previa y enfocados a obtener resultados (o efectos como suelen llamarse) que podrían ser votos, compra de productos o el convencimiento sobre una idea. Técnica y tecnología que apuestan no a la reciprocidad con la audiencia, sino a obtener algo de ella. El público trasformado en números que cuentan, en tanto forman parte de una audiencia inmovilizada, con posibilidades de manifestación limitados. Flujo de mensajes en un contexto carente de vías de retroalimentación, y por ello imposibilitado de antemano para transformarse en proceso de comunicación.


Entender la comunicación desde la realidad social, implica comprenderla como un proceso al mismo tiempo social e individual. Fenómeno ligado al lenguaje. El pensar, dice Martin Hidegger (2006, p.11) se limita al ser como aquello que a él mismo le ha sido dado por el ser. Este ofrecer consiste en que en el pensar el ser llega al lenguaje. Lenguaje y existencia. La comunicación como morada que resguarda al hombre y a la comunidad. Es el lenguaje y el individuo que se dirige a la comunidad y viceversa.


Y en la frontera que resguarda la realidad social y la manera de conceptualizar la comunicación, tendría que situarse el investigador (independientemente del entorno en el que la comunicación se ubique) para observar tales procesos, moviéndose entre ambos bordes, acaso para comprender la lógica que las hace posible y visualizar los mecanismos que les dan sentido. Observar y ser observado en una dialógica discursiva que trasciende lo meramente comunicativo.


Aprehender la realidad y aprender de la realidad entendida como una serie de procesos que tienen como punto de partida formas de interacción y reconocimiento en la búsqueda del bien común. La comunicación y la realidad social y su necesidad de tener como principio básico la búsqueda del bienestar colectivo como intención y finalidad compartida, pasando de la comunicación rápida, que como señala Zygmunt Bauman, sirve para limpiar y olvidar más que para aprender y acumular conocimientos (2002, p.26).


Velocidad y a veces eficiencia en la difusión de información que se ha conseguido a partir de la evolución de la tecnología, pero que, para transformarse en un real proceso de comunicación social requiere de otra temporalidad y que otros procesos surjan y la puedan acompañar.


REFERENCIAS

Bauman, Zygmunt. 2002. La cultura como praxis. Barcelona. Paidós.

Heidegger, Martin. 2006. Carta sobre el humanismo. Madrid. Alianza Editorial.

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