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CONSUMO Y NUEVA NORMALIDAD

En la Ciudad de México, al parecer el confinamiento al que se llamó a la población debido a la pandemia por covid 19 ha terminado de facto. El Centro Histórico, se vuelve a ver repleto de personas que deambulan libremente irrespetando la sana distancia tan recomendada hace poco más de un año y que ahora parece algo pasado de moda. Los locales comerciales que abundan en la zona establecen mínimas medidas de control, que al parecer solo sirven para cumplir el compromiso. La toma de temperatura en la entrada de las tiendas y una porción de algo que parece gel antibacterial. Y entonces listos para practicar el deporte favorito de nuestros tiempos: el consumo.


No importa que en los informativos se reporten todavía más de un centenar de muertes al día en el país por covid ya que lo de hoy es que las medidas sanitarias pasen a segundo término. Y esto que sucede en el centro de la capital, se reproduce en muchos espacios públicos de la ciudad y del país en donde restaurantes, tiendas, centros comerciales, bares y un largo etcétera operan libremente.


Es la experiencia del consumo en el entorno de la nueva normalidad que se vincula con inéditos conflictos y significaciones. Tiempo en el que la adquisición de bienes y servicios, ahora incluye la conquista del tránsito libre por los espacios públicos, con un cubrebocas recordándonos que a pesar de todo aún estamos en pandemia. Territorios como las calles del Centro Histórico donde consumo y tiempo de ocio se funden y lo importante ya no solo es comprar, sino vivir de manera directa la experiencia.


Y es que, como señala Jean Baudrillard (2009, p.189), del ocio podría decirse que cuando uno tiene tiempo, es porque ya no es tiempo libre. Y la contradicción está, no en los términos, sino en el fondo. Esta es la paradoja trágica del consumo. En cada objeto poseído, consumido, como en cada minuto de tiempo libre, cada hombre quiere satisfacer o cree haber satisfecho su deseo, pero de cada objeto apropiado, de cada dicha obtenida, como de cada minuto disponible, el deseo ya está necesariamente ausente. No queda allí más que un consumo del deseo.


Vivencia en donde el objeto o el servicio requerido pierde su significado y la importancia se traslada a la sensación de haber ganado la batalla por el espacio público. La experiencia del consumo entonces parece ser más valiosa que la posesión misma. Esquema que despoja a los objetos de toda idea que lo vincule con un proceso de producción.


Entonces queda la impresión que la nueva normalidad es un concepto que no está generado desde la búsqueda del bienestar común, con criterios serios, claros y puramente sanitarios. La realidad es que todo parece hecho a modo solo para incentivar la economía de consumo. Los números de nuevos enfermos y fallecimientos, hace tiempo parece que dejaron de tener significado. Por lo pronto salga, consuma, compre, gaste su dinero, sacie su tiempo de ocio y haga como que sus deseos son satisfechos, al cabo un montón de camas de hospital están a su disposición por si acaso.


REFERENCIAS

Baudrillar, Jean. 2009. La Sociedad de Consumo. Madrid. Ed. Siglo XXI.


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