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CONACYT: LA VERDAD INCÓMODA

Dicen por ahí que la verdad no peca, pero incomoda. El artículo “la indispensable reforma del posgrado", que la directora general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), María Elena Álvarez-Buylla Roces, publicó el sábado pasado en el periódico la Jornada, incomodó a más de uno. Veamos por qué.


En su texto, Álvarez-Buylla asegura que el neoliberalismo fue “la causa de la privatización del conocimiento, la ciencia y la educación”. Esta es una media verdad que nos podría medio incomodar. Partamos diciendo que la discusión que se mantiene en México sobre el neoliberalismo es poco clara y está llena de conceptos e interpretaciones erróneas, tanto de miembros como la 4T como de la oposición y de los ciudadanos en general que lo usamos en nuestras conversaciones habituales.


¿En qué parte este texto peca de impreciso? Es cierto que el neoliberalismo redujo la influencia y participación del Estado en la dinámica económica y es cierto, también, que uno de los pilares de este modelo económico es la privatización de las instituciones gubernamentales y el impulso del libre mercado. Sin embargo, la educación privada ha existido en país desde antes del periodo de la colonia, las sociedades prehispánicas tenían dos tipos de escuelas, el calmécac para los miembros de la nobleza y el telpochcalli para los miembros de las clases bajas y para quienes el acceso al conocimiento elevado estaba prohíbo.


A partir de La Colonia y hasta la Revolución la historia fue la misma, la educación estaba en manos de la iglesia católica y no era un servicio público. Es verdad, como dice el texto de la titular del Conacyt, que la Constitución de 1917 hizo a la educación gratuita, obligatoria y laica, que fue más una confronta a la iglesia católica que una defensa de la universalidad de la educación, esto puso en crisis al sector educativo privado, sin embargo, con el pasar de los años se fue fortaleciendo debido a la incapacidad del gobierno de sostener las escuelas de forma autónoma, la falta de infraestructura y la poca confianza que había en el nuevo proyecto de nación, lo que provocó el cierre de muchas escuelas públicas y el fracaso de casi todas las campañas de alfabetización.


Por otro lado, es en 1982, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, cuando se inició el proyecto neoliberal en México. Para implementarlo se reformaron los artículos 28 (monopolios), 73 (facultades del Congreso) y 123 (trabajo) de la Constitución, posteriormente se modificó el 27 (agrario), también se realizaron las primeras ventas y privatizaciones de empresas paraestatales, esto es, en ningún momento de la inclusión neoliberal se modificó el artículo 3 (educación) ni se vendieron las escuelas públicas.


Es verdad que a partir de la década de 1990 la educación privada en México fue creciendo, en el caso de la universitaria, por un lado, respondió a la creciente demanda de educación superior incrementada, en gran medida, por la política de rechazo de las universidades públicas. Por otro lado, por la necesidad de atender a los propósitos que se trazaron en la Conferencia Mundial de Jomtien convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): “Educación para todos”, cuyo tema principal fue el conocimiento y su vínculo con el desarrollo. Es en este contexto en el que, en 1991, se creó el Padrón de Excelencia, hoy Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC).


¿En qué parte el texto de Álvarez-Buylla incomoda? Es cierto que el Banco Mundial (BM) ha tenido mucha injerencia en la planificación de los programas globales de educación que imponen a los países deudores a cambio de mantener su línea de crédito, es por ello que en 1992 Ernesto Zedillo cuestionó abiertamente la viabilidad de la educación pública superior en México y la rentabilidad de la educación básica.


Es en esta alineación del gobierno zedillista con las exigencias del BM, que se introdujo la fórmula calidad-evaluación en los programas educativos que deben buscar la “excelencia y calidad” a través de mecanismos como la creación de la Comisión Nacional de Evaluación (CONAEVA); los padrones de programas de posgrado y de publicaciones del CONACYT.


Quizá la verdad más incómoda es lo referente a los indicadores de “calidad y excelencia” que no ha sido más que uno modelo de “simulación”, como la misma Álvarez-Buylla lo llama, de generación de conocimiento, práctica que hemos cuestionado y evidenciado en más de una ocasión desde Comunicación para el Bienestar.


Sabemos que la generación de conocimiento en nuestro país se ha reducido al cumplimiento de los indicadores cuantitativos para mantener una beca o una permanencia en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI): número de publicaciones, número de ponencias, número de congresos, número de alumnos, número de egresados, etc. Pero cuyos indicadores cualitativos son sumamente cuestionables. La “comunidad científica” produce una gran cantidad de publicaciones de lenguaje muy sofisticado, pero de conocimiento inútil.


Maestros, doctores y postdoctores, navegan en la banalidad temática disfrazada de necesidad social porque lograron alinearlo a algunos de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo (PND) o del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que para el caso es lo mismo, pero que casi nunca nacen de las necesidades reales de las comunidades sino de ocurrencias de escritorio que utilizan como muestra sus propios alumnos y que luego publican en libros haciéndolo pasar como conocimiento indicativo de la realidad social de México, sin utilidad, sin propuesta de cambio y sin un interés público real.


En lo que diferimos con la directora del Conacyt es que consideramos que la “simulación científica” es un problema general y no sólo de las instituciones de educación privada como ella lo sugiere, en las universidades públicas los cotos de poder son igual o más perversos y mucho de su conocimiento es igual de irreal, porque el quehacer científico se convirtió en un modus vivendi de un gran número de investigadores aferrados a su cuota de poder. Tan chatarra el público como el privado.


Celebramos las iniciativas de María Elena Álvarez-Buylla Roces, de mejorar el sistema de becas, pero la ciencia también es un discurso de poder con el que se debe dialogar desde la base social, para ello es fundamental su apertura y transparencia.


Además de garantizar becas universales, el Conacyt debe entrarle a cuestiones más de fondo y no ahogarse en las formas, por ejemplo, discutir sobre la idea de que el paradigma positivista y el método científico son el único camino para la generación de conocimiento legítimo o serio, la exigencia de que cada investigación tenga base en una necesidad real y proponga acciones útiles y concretas para el bienestar de la gente y sobre todo, aclarar si es posible que el gobierno mexicano pueda lograr la autonomía del BM y otros organismos económicos internacionales que posibiliten una verdadera reforma al sistema de posgrados o sólo nos quedaremos en una reforma burocrática.


REFERENCIAS


  • CONACYT. (s. f.). Programa Nacional de Posgrados de Calidad. Gobierno de México. Recuperado 18 de enero de 2022, de https://conacyt.mx/becas_posgrados/programa-nacional-de-posgrados-de-calidad/

  • DEMOS, Desarrollo de Medios, S.A. de C.V. (2022, 15 enero). La Jornada: La indispensable reforma del posgrado. La Jornada. Recuperado 16 de enero de 2022, de https://www.jornada.com.mx/2022/01/15/opinion/013a2pol

  • Diario Oficial de la Federación. (2014, 10 febrero). ACUERDO por el que se reforman diversas disposiciones del Manual de Organización del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. SEGOB. Recuperado 17 de enero de 2022, de https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5332072&fecha=10/02/2014

  • Maldonado, A. (2000). Los organismos internacionales y la educación en México: El caso de la educación superior y el Banco Mundial. SCIELO. Recuperado 19 de enero de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26982000000100004

  • UNESCO. (1990, 9 marzo). DECLARACIÓN MUNDIAL SOBRE EDUCACIÓN PARA TODOS «SATISFACCIÓN DE LAS NECESIDADES BÁSICAS DE APRENDIZAJE». Humanium. Recuperado 19 de enero de 2022, de https://www.humanium.org/es/wp-content/uploads/2013/09/1990-DeclaracionMundialEducacion.pdf

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