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COMUNICACIÓN DEMOCRÁTICA ¿ESTAMOS LISTOS?

Lento pero contundente. Así definiría el ejercicio de la comunicación horizontal. En las últimas décadas se ha puesto de moda la idea de este tipo de comunicación en las organizaciones, sin embargo, la propuesta generada desde la academia es limitada por sus propias concepciones del mundo, ya que nace naturalmente ligada a esquemas de jerarquía, desarrollo, crecimiento y utilidades.


Por tanto, no es más que una estrategia creada para aumentar los niveles de productividad a través de la creación de la ilusión de igualdad entre los miembros de una organización y de que su voz es importante para el rumbo que la institución tomarán, sin embargo, estos nuevos planteamientos son impulsados por una necesidad de adaptarse a las características demográficas de la clase trabajadora actual y al contexto sociocultural en la que opera una empresa, pero no nacen desde una visión genuina de bienestar para el trabajador.


En el caso de las organizaciones de la sociedad civil (OSC), que es el tema que nos ocupa en este texto, hablar de la comunicación horizontal o democrática se complejiza muchísimo por su propia naturaleza, comenzado porque son entes absolutamente comunicativos y no productivos, lo que limita la aplicación de la teoría organizacional tradicional para poder comprenderlos y analizarlos.


Mauricio Guerrero Martínez (2011) hace un esbozo de la comunicación en las organizaciones de la sociedad civil, sin embargo, lo hace desde la visión tradicional del modelo lucrativo ya que propone centrar las estrategias de comunicación en la recaudación de recursos y las concibe desde la visión tradicional economicista ligándolos a conceptos como productividad, pertenencia, liderazgo.


Las propuestas comunicativas generadas desde la academia no están evolucionando a la par de los movimientos, por lo que su comprensión y conocimiento de los mismos es escaso. Es cierto que una gran parte de las organizaciones sociales se han convertido en un modelo de negocio o en una empresa familiar cuyos niveles de productividad se miden en la recaudación de recursos, sobre todo de los públicos, sin embargo, estas formas organizativas deberían comenzarse a concebir como unidades económicas y no como organismos sociales.


Es por ello que desde el territorio las etiquetas de “organización de la sociedad civil” u “organización no gubernamental” (ONG) está quedando en desuso para hablar de las verdaderas luchas sociales, los movimientos y colectivos no tienen una organización formal y mucho menos institucional, la mayoría de ellos son movimientos espontáneos y momentáneos que se articulan de manera voluntaria motivados por diversos intereses comunes y “son capaces de generar comunidades de inteligencia de estructuración horizontal y autogestiva en el ejercicio de su autonomía, libertad, autogobierno, democracia participativa y deliberante, teniendo a la práctica de la solidaridad, como eje rector se sus acciones” (Esparza. 2015).


Pero, sobre todo, son organismos dinámicos que se mueven y transforman de manera constante dependiendo de sus miembros y sus recursos de tiempo y subsistencia, es por ello que su análisis no se puede abordar desde la idea tradicional positivista de la teoría de la comunicación organizacional porque están lejanos de la lucha por el poder o de la intención de acumulación de capital.


Es por esto mismos que la gestión de la comunicación interna se convierte en el principal reto de los movimientos y colectivos pues ahí emana su naturaleza. La horizontalidad democrática tiene sus costos y algunos no están dispuestos a pagarlos. La manera de difundir información, la construcción del diálogo y las múltiples formas de expresión, hacen que el acto comunicativo para encontrar coincidencias, manifestar disensos y gestionar las diferencias sea un ejercicio largo y complejo que requiere paciencia, lentitud y empatía, lo que no es fácil de conseguir en un contexto en el que la inmediates y la prontitud parecen regir la acción comunicativa.


Para poner un ejemplo, el emplazamiento (colonia) de Francisco Villa, situado dentro de la alcaldía de Iztapalapa, en la Ciudad de México, es un territorio urbano autogestionado, en el que sus habitantes tienen la obligación de participar en todas las asambleas comunitarias que se llevan a cabo cada semana.


Hace unos años, en enero, el comité, entre otras cosas, planteó la propuesta de realizar una peregrinación a la Basílica de Guadalupe el diciembre próximo, había todo un año para deliberar. Pronto, las expresiones religiosas diferentes o no religiosas manifestaron su desacuerdo, el seguimiento al tema se retomaba semana tras semana hasta que cada persona que tenía algo que decir era escuchada, diez meses duró el ejercicio, al final, la conclusión fue no realizar la peregrinación y la laicidad de la comunidad como colectivo en el respeto a la libertad de las expresiones religiosas personales, todos estuvieron satisfechos. Así de lento y así de contundente.


La escucha activa, diálogo empático, mirar al otro desde la igualdad, reconocimiento de las diferencias, respeto a los acuerdos y, sobre todo, no caer en la tentación de que la urgencia por atender la engañosa rapidez con la que parece moverse el mundo actual, apresure un ejercicio comunicativo que debe marcar su propio tiempo y su propio ritmo así sean diez días, diez meses o diez años, son, entre otros, aspectos fundamentales para llevar a cabo una verdadera gestión democrática y horizontal de la comunicación.


Por supuesto que también existen riesgos en el ejercicio comunicativo comunitario, a reserva de profundizar con más trabajo de campo, podemos señalar algunos como el ostracismo de los por falta de acuerdos, confusión en las formas de acción y rutas a seguir, que el ejercicio sea tan largo que se pierda el interés, el objetivo o la oportunidad, falta de solidaridad para mantener el movimiento y poca empatía para entablar diálogos y solucionar diferencias.


Si embargo, siempre que se logre un mínimo de acuerdo potenciando las coincidencias, el ejercico comunitario puede ser exitoso ¿Estamos listos?


REFERENCIAS


Corella, M. A. R. (2011). Comunicacion Estrategica En Las Organizaciones/ Strategic Communication in Organizations. Trillas.


Esparza, J. (2015, 2 marzo). Los colectivos sociales, un tejido social diferente. Saber sin fin. Recuperado 30 de marzo de 2022, de https://www.sabersinfin.com/articulos/educacion/11009-los-colectivos-sociales-un-tejido-social-diferente

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