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COMUNICACIÓN DE PAREJA Y COMUNICACIÓN


La mayoría de los profesionales que se dedican a la investigación sueñan con hacer grandes descubrimientos; la cura para enfermedades mortales y desafiantes, la mejor inteligencia artificial o la predicción de sismos y erupciones volcánicas, grandes logros para ¿un mundo mejor?


En el caso de la comunicación no es distinto; investigadores anhelan construir grandes teorías sobre los efectos de publicidad en las audiencias, presentar el modelo más eficiente de comunicación, aumentar la productividad laboral o describir las formas comunicativas de las comunidades.


Pero los procesos de comunicación más comunes son despreciados por la élite intelectual, temas como comunicación familiar o de pareja son migajas que se dejan a disciplinas como la psicología que, sumida en metodologías que circulan las fronteras de lo esotérico, lo místico, lo transgeneracional, el coaching y la ley de atracción, lanzan recetarios que no ayudan a tomar con seriedad los lazos comunicativos más primarios, fuertes y significativos en la vida de cada uno de nosotros.


Antes de continuar, es pertinente aclarar que cuando nos referimos a los conceptos de familia o pareja, estamos hablando de todas las posibilidades de convivencia existentes. Dicho esto, es importante señalar que este tipo de comunicación no puede ser tratado de la misma forma que otros sistemas comunitarios porque, más allá de la emisión de mensajes para lograr acuerdos, en el caso del núcleo familiar se ponen en juego factores que complejizan el intercambio como los niveles de afecto, de intimidad, de satisfacción personal, los objetivos individuales y colectivos e, incluso, intereses económicos y de cuidado, por lo que los mensajes interpersonales van cargados de secuencias metafóricas que se insertan en códigos construidos a nivel familiar o de pareja, por lo que el emisor y el receptor deben percatarse del lugar donde el mensaje debe ser insertado para que su significado tenga sentido.


¿Han visto como se comunican Marge y Homero Simpson? O ¿Morticia y Homero Addams? Seguramente notaron que son estilos diametralmente opuestos, pero ambas parejas tienen en común que han estructurados sus propios códigos ya sea mediante el humor o el sarcasmo, con lenguaje popular o más intelectual, con más o menos desacuerdos, códigos que se extienden y se replican en el núcleo familiar y determinan el impacto del grupo en la comunidad. Habrá parejas, por ejemplo, que se cuenten un chiste o que se regalen chocolates para hacer saber al otro que todo está bien, pero si uno deja de reírse del chiste o le dejan de gustar los chocolates, también está mandando un mensaje que dentro de las propias categorías de la pareja cobran un significado claro.


Incluso, el propio uso de los códigos y categorías de la comunicación de pareja están cargados más de metalenguajes que de información clara y directa (cómo lo dijo, qué estaba haciendo cuando lo dijo, si sonrió, si me volteó a ver), además, los mensajes pueden interpretarse, de forma intencional, desde categorías que los miembros saben incorrectas, pero que lo hacen con el objetivo de llamar la atención hacia una situación que alguno cree que pone en riesgo la estabilidad del sistema: los celos, la frustración, la falta de atracción, la rabia, el aburrimiento, la monotonía, la competencia, la percepción de injusticias, de desatención o el desenamoramiento, pueden generar falta de autocontrol de la emociones que se traducen en mensajes confusos, agresivos, pasivo-agresivos o indiferentes.


Algunas fuentes han diferenciado distintos estilos comunicativos empleados en las familias, pero siempre a partir de modelos psicológicos y no estrictamente comunicativos, por lo que hemos decidido no mencionarlos porque, desde nuestro punto de vista, esta categorización incrementa la posibilidad de estereotipar o estigmatizar a los miembros de una pareja, lo que no ayuda a mejorar el bienestar del núcleo, por el contrario, lo vuelve rígido o lo fragmenta.


Notarán que este texto sale un poco de la norma académica de Comunicación para el Bienestar, pero, por un lado, no encontramos información al respecto que nos parezca sería y sustancial desde un punto de vista comunicativo, lo que debe servir de invitación a los investigadores para prestar atención e importancia, por su impacto social y comunitario, a este tipo de temas.


Por el otro lado, nadie sabe más de los códigos de la pareja que sus miembros, por lo que no hay psicólogo, comunicólogo o biodescodificador que pueda interpretar un mensaje que sólo cobra sentido en el código común que han formado; el respeto, la responsabilidad y la empatía no son recetas, son fundamentos universales en cualquier diálogo, máxime si es el afecto el que motiva el proceso comunicativo.

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