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¿CÓMO EL GOBIERNO DIGITAL TE ESTÁ HACIENDO MÁS POBRE?

El gobierno digital o el e-gobierno es uno de los “logros de gobierno” más presumidos en los informes anuales, desde presidentes municipales hasta presidentes nacionales. Al parecer, los titulares de la administración pública y sus equipos, han comprado la idea de que una gestión que incluya mayor tecnología y automatización en los procesos de atención ciudadana es sinónimo de eficiencia y eficacia.


De acuerdo con datos de la consultoría Select (2021), el gasto del gobierno mexicano para la introducción de tecnologías se ha disparado en los últimos años; para el 2022 el presupuesto federal asignado para la adquisición de software tendrá un crecimiento de un 17.8% con respecto a este año, de ello, el monto destinado a las tecnologías de la Información pasará de 27 mil 930 millones de pesos a 32 mil 904 millones de pesos para el próximo año.


Paradójicamente, el aumento de dinero para la digitalización de los gobiernos aumenta la pobreza de la población más vulnerable, ¿el motivo? la "programación social profunda" (deep social programming), término acuñado por la periodista Virginia Eubanks (2021) para referirse a la forma en la que la programación de los algoritmos utilizados por la administración pública es una forma de control social mediante la que se determina, de forma, literalmente inhumana, quién merece vivir y quién no.


La idea de la supremacía tecnológica y el big data por encima de la subjetividad y empatía humana, han limitado el análisis crítico del uso de la minería de datos en la gestión gubernamental. El riesgo parece un poco más claro cuando hablamos de que el principal negocio de plataformas como Facebook o Twitter es la recolección, acumulación y venta de datos que, además, se cuentan entre los activos de las empresas tecnológicas. Pero el riesgo parece desdibujase cuando se habla de la gestión de datos por los organismos públicos, sin embargo, la idea de que los gobiernos deben funcionar como una empresa y competir en el mercado es altamente peligrosa.


De la misma forma en la que un banco puede utilizar una serie de algoritmos para saber si eres candidato a obtener una tarjeta de crédito, obtiene tus datos y hace toda la gestión de tal suerte que la única intervención humana es cuando un ejecutivo de ventas te llama por teléfono para informarte que tienes una tarjeta pre aprobada y sólo falta tu confirmación que se validará mediante tu huella de voz, las empresas contratadas para la gestión de e-gobierno generan algoritmos para determinar qué ciudadano es candidato a un programa social, quién no lo merece, quién es una persona de “riesgo” para la sociedad y quiénes califican como ciudadanos ejemplares.


Si el algoritmo lo dice debe ser cierto, sería impensable que algo tan científico y objetivo como los datos digitales también puedan estar condicionados por prejuicios sociales como la raza, el género, la condición social, el poder económico o la filiación política. Sin embargo, de acuerdo con Eubanks (2021), esta manera de tratar los datos desde los gobiernos perjudica a los más vulnerables.


Cuando los valores culturales de una sociedad determinan la programación de los sistemas informativos de la gestión de gobierno ocurre lo que los expertos llaman sesgo algorítmico (algorithm bias) que deriva en una discriminación sistemática que se justifica en “datos neutros y objetivos”, sin embargo, el poder de los algoritmos para incidir en el mundo real mediante factores como la direccionalidad del voto, la organización política o la administración de datos ciudadanos, es un fenómeno que ya está llamando la atención de sociólogos e investigadores sociales.


Es una tragedia que aquello que los líderes políticos presumen como un logro de gobierno, en realidad esté acrecentando las brechas sociales en un acto claro de violación a los derechos humanos de sus ciudadanos que deberían contar con la seguridad de tener los mínimos de seguridad, confidencialidad y protección.


Para la construcción, renovación y mantenimiento de la infraestructura de software las administraciones gubernamentales llaman a contratistas transnacionales que son los verdaderos recolectores de información de la ciudadanía. Nuestros datos, entonces, no sólo están en manos de los gobiernos, sino de particulares que se dedican a traficar con ellos bajo la impunidad que les da la imposibilidad de ser regulados gracias a su capacidad para trasladar sus corporativos y servidores de país en país,


La propuesta es que los gobiernos deben dejar de idolatrar la idea del gobierno digital y evitar pensar que el big data es la mejor herramienta para tomar decisiones de gobierno basadas en la neutralidad. En realidad, su uso nos está empobreciendo mediante la sistematización de prejuicios de los que las minorías y los más vulnerables son las mayores víctimas.


Se deben hace esfuerzos internos para que el uso de algoritmos no borre de la ecuación la subjetividad y la empatía por el otro a la hora de tomar decisiones y generar programas de gobierno. Por otro lado, se debe poner especial atención a la colocación de candados nacionales e internacionales para que la legislación blinde la recolección y uso de datos de los ciudadanos, que no se limitan al nombre, teléfono o dirección, sino que tiene que ver con acciones más complejas como el reconocimiento facial o de voz, el acceso a la seguridad social o los patrones de vida y comportamiento.


A la par, los ciudadanos debemos asumir la responsabilidad de nuestra huella digital, ser conscientes de la información que compartimos y a quién se la damos, pero también, es nuestro derecho y deber, exigir que nuestra intimidad no sea expuesta y vulnerada por aquellos que se supone nos deben proteger; los gobernantes.


REFEREENCIAS


CIAPEM. (19–12-13). Análisis del presupuesto TIC en el Gobierno Federal para 2020. https://ciapem.org/analisis-presupuesto-tic-gobierno-federal-2020/


Gaspar, A. (2021, 14 septiembre). Proyecto de presupuesto TIC para 2022 crecerá 17.8%. SelectNET. https://selectnet.selectestrategia.net/reporte/proyecto-de-presupuesto-tic-para-2022-crecera-178/


Virginia, E. (2021). La automatización de la desigualdad herramientas de tecnología avanzad. EEUU:CAPITAN SWING.

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