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AMNISTÍA: EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, LAS DIFAMACIONES Y FALSEDADES TIENEN QUE FRENAR

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


Hay países en los que existe la libertad de expresión, en los que no se da una censura oficial, pero la libertad del periodista está limitada por los intereses de la cabecera para la que trabaja.

Ryszard Kapuscinski.


Recientemente en México se ha publicado un segundo posicionamiento de un grupo ampliado de trabajadores de la industria cultural de México, exigiendo libertad de expresión y tolerancia; son alrededor de seiscientas cincuenta personas, que se identifican como la sociedad agraviada, mientras que el otrora candidato derrotado a la presidencia de México, Gabriel Quadri, celebra la coalición opositora del PRIANRD en el estado de Zacatecas con el mote de TUMOR (Todos Unidos contra Morena) y el Frente Nacional Anti Amlo (Frenaa) languidece.

En este ambiente, el comunicado de los trabajadores de la industria cultural señala que es el presidente de México quien siembra odio y división, agregando en un comunicado público que hay censura.

Los firmantes de este nuevo posicionamiento se auto-adscriben como los adversarios señalados por el actual gobierno y enarbolan causas que tienen vida propia, la mayoría de las cuales están en resistencia a consecuencia del sistema político, económico y legal de las últimas tres décadas y por el cual este grupo ha sido privilegiado.

Ante la insistencia de la denuncia pública de este sector, he recordado Los cínicos no sirven para este oficio: sobre el buen periodismo, de Ryszard Kapuscinski (2005), quien señala que “la información se ha separado de la cultura: ha comenzado a fluctuar en el aire; quien tenga dinero puede cogerla, difundirla y ganar más dinero todavía”.

En el ambiente también flota la inminente consulta ciudadana para juzgar a los expresidentes de México, con una jugosa y atractiva zanahoria que podría debatirse en el congreso: la amnistía a los mismos expresidentes.

Dicha iniciativa ha sido interpretada por la reacción inmediata como una contradicción, cuando en otras latitudes ha sido precisamente una herramienta para el conocimiento de la verdad, además de que ha incluido condiciones para garantizar la impartición de justicia.

En ningún país con cambio de régimen la amnistía se ha implementado para la impunidad, sino como un recurso para esclarecer el pasado, lo que habilita la renovación del entramado legal y que opta por penalizaciones restaurativas, más que punitivas, para resarcir así el daño, con una lógica de justicia más que de venganza.

La primera etapa del proceso que busca enjuiciar a los expresidentes ha sido plantearlo en tiempo y forma al poder judicial, lo que se realizó con una solicitud ciudadana que reunió cerca de tres millones de firmas en un tiempo récord, provocando que un periódico de circulación nacional pusiera en duda la legalidad de la recolección de firmas a través de sus ocho columnas y a pesar de estar notariado; acudo a Kapuscinski “En los periódicos se puede llevar a cabo una manipulación según lo que se escoja colocar en la primera página, según el título y el espacio que dedicamos a un acontecimiento”.

El texto de Kapuscinski agrega que “las malas personas no pueden ser buenos periodistas (…) Es una cualidad que en psicología se denomina ‘empatía’”, acaso la industria cultural y sus trabajadores deban considerar el llamado del maestro del periodismo “si (la gente) percibe que sois arrogantes, que no estáis interesados realmente en sus problemas, si descubren que habéis ido hasta allí sólo para hacer unas fotografías o recoger un poco de material, las personas reaccionarán inmediatamente de forma negativa”, tal como las redes sociodigitales, más allá de bots y trolls, lo muestran.

Si asumimos que la información es el resultado de la lucha entre los grandes medios de comunicación y fuertes intereses, todos podemos apreciar que “ser éticamente correctos, por ejemplo, es una de las principales responsabilidades que tenemos”.

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.

Eduardo Carrasco Gómez es teólogo y licenciado en comunicación, profesor invitado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.


Pie de Foto: La libertad de expresión no es una licencia para abusar. Es una responsabilidad.

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