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ÉTICA Y ESTÉTICA: DE LA COMEDIA MEXICANA A LA VISIÓN DE LOS VENCIDOS

Somos un centro de investigación y análisis de comunicación para la reflexión, discusión y generación de propuestas para el bienestar mediante la creación de conocimiento práctico que abone al diseño de mejores políticas públicas.


La revolución silenciosa solo ha consistido en una serie de intrigas de café y en mediocres artículos de periódico estandarizado y de revistillas provinciales.

Angioletti


Por Eduardo Carrasco Gómez


A unos días del aniversario de las independencias en diferentes latitudes latinoamericanas, pueblos originarios la califican como “Independencia Criolla” debido a que sus propias comunidades siguen siendo discriminadas y marginadas.

En México, la difusión de los ideales de los sacerdotes insurgentes llamados padres de la patria, (que también fueron padres biológicos; cfr. José Herrera Peña Morelos ante sus jueces: 1985), históricamente han desplazado el papel de las mujeres insurgentes, justo como Leona Vicario y Josefa Ortiz de Domínguez, entre otras.

Recientemente en México la toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a manos de un grupo de mujeres que exigen justicia y que han intervenido entre otros, un óleo con el rostro de Francisco I. Madero, provocando la descalificación del presidente y que el autor se diera por ofendido aunque corrigió tibiamente.

Mientras tanto, un pequeño grupo de escritores se asume como víctima del actual gobierno, al que se opusieron abiertamente durante años, hasta que las urnas determinaron contundentemente un nuevo rumbo para la nación.

En este contexto, recordemos a Antonio Gramsci en su ensayo ¿Qué es la cultura popular? editado hace cerca de un siglo, donde señala que “un determinado momento histórico-social no es nunca homogéneo, sino, por el contrario, rico en contradicciones”.

A su vez, Gramsci cita a Raffaello Ramat donde señala que “se ha dicho que para el estudio de la historia de la cultura puede a veces ser más útil analizar a un escritor menor que uno grande”.

El sistema cultural dominante por su puesto que tiene todo que ver con la llamada cultura popular, acaso en diálogo o de plano en enfrentamiento, especialmente a través de las industrias culturales de los tradicionales medios de comunicación, que pretenden imponer sus criterios con base en determinantes estéticos, morales, partidistas e históricos, como cuando se sostenía que la corrupción es cultural, como si el entramado político, legal y económico no incidieran en la cultura.

En este sentido, vale la pena recordar que el trabajo de Carlos Fuentes fue calificado como “la comedia mexicana”, en un artículo autoría de Enrique Krauze, que detonó el distanciamiento entre Octavio Paz y Carlos Fuentes, cuando en realidad era en un debate elitista donde ambas posturas escribían por encargo; es decir, que era una competencia de mercado.

Ahora que el gobierno impulsa lo que ha llamado la cuarta transformación de México, grosso modo inspirada en el Estado de Bienestar, los vientos son adversos para Krauze y su grupo, algunos de los cuales han reconocido que efectivamente cobraban legalmente a gobiernos pasados por productos culturales de comunicación eficiente.

Sin embargo, es justo su cultura la que está en transformación; las cúpulas sectoriales económicas, políticas, científicas y culturales que determinaban los derroteros nacionales han sido desplazadas de la toma de decisiones y sus posturas han sido desechadas en un cambio promovido por las urnas.

Por otra parte, si bien la Visión de los Vencidos, de Miguel León Portilla, el libro más venido de la UNAM, recupera y traduce testimonios de los pueblos originarios colonizados a partir del S.XVI, la independencia criolla no ha terminado de saldar la deuda histórica, ni con los pueblos originarios, mucho menos con la llamada tercera raíz de origen africana.

Los saldos deudores de la cultura en salida enfrentan una legítima demanda que no termina de encontrar justicia y que agotan la paciencia de las víctimas acentuada por la burocracia que encuentra un argumento más de tortuguismo con la pandemia.

Agregamos a las demandas de los pueblos originarios, las múltiples causas de las mujeres, categorizadas en feminicidios, desaparición forzada, trata, violaciones y un largo etcétera, tanto de manera directa como indirecta, especialmente en las madres, esposas, hijas y hermanas de víctimas.

Gramsci señala que “la lucha para crear una nueva cultura, será artística en la medida en que de la nueva cultura nazca un arte nuevo”.

En solidaridad con Linden Cameron, menor de 13 años, víctima de la violencia policiaca en EEUU, y toda la población del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

 

Eduardo Carrasco Gómez publica todos los jueves en este medio.


Eduardo Carrasco Gómez es teólogo y licenciado en comunicación, profesor invitado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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